Por: Luis E. Giusti L.

Las caras de los 'combustibles alternos'

Algunos países productores utilizan el petróleo y el gas natural como medios para lograr su emancipación nacional.

No cabe duda de que el petróleo y el gas natural continuarán siendo los combustibles dominantes en el mundo por muchas décadas más.

A pesar de los pregones de muchos profetas del desastre que nos hablan de que esos hidrocarburos están en extinción y que estamos ante el inminente final de la era petrolera, eso no ocurrirá.

Sin embargo, no cabe duda de que el precio de esas materias primas aumentará con el tiempo, no solamente por razones físicas, sino principalmente porque el mundo occidental ha decidido prescindir de ellas, dejando de esa manera el control de esos recursos en manos de los países productores, muchos de los cuales utilizan el petróleo y el gas natural como medios para lograr su emancipación nacional, relevancia internacional y poder.

Pero dichos aumentos en precios no serán implacables ni permanentes, pues serán determinados por circunstancias económicas diversas y de diferentes signos, como por ejemplo la crisis de 2008-2010. Con toda seguridad veremos períodos de debilidad en los precios petroleros, tal como los hemos visto en el pasado. Sin embargo, esas fluctuaciones, derivadas de tensiones políticas, crisis globales, desbalances temporales entre oferta y demanda y especulaciones financieras, formarán parte de una tendencia que en general apunta hacia precios más altos del petróleo y el gas natural.

Los precios altos del petróleo y el gas natural en general tienden a reducir hasta cierto punto la demanda de dichos hidrocarburos, pero al mismo tiempo son catalizadores para la investigación de nuevas tecnologías de eficiencia energética y de búsqueda de fuentes alternas de energía.

Un ejemplo es el de cómo el petróleo ha sido sustituido por el gas natural y el carbón como combustible para generación de electricidad. Sin embargo, en el sector de transporte, puesto en palabras simples, el petróleo ha sido virtualmente insustituible.

En Estados Unidos, el 70% del petróleo que se consume es en el sector de transporte, principalmente gasolina, diésel y jet fuel. Globalmente, 30% del consumo de energía primaria ocurre en el sector de transporte, y de esa fracción, 96% del combustible proviene de hidrocarburos.

Contra ese “telón de fondo” es natural que constantemente se estén buscando formas de reducir el consumo de hidrocarburos, en especial ante el aumento de los precios petroleros y las incertidumbres acerca del futuro suministro. En consecuencia, en tiempos recientes los combustibles alternos han comenzado a encontrar mayor espacio en el mercado, aunque no cabe duda de que esa penetración es también el resultado de subsidios gubernamentales.

Sin embargo, el precio y la seguridad energética no han sido las únicas razones. La noción de que es posible reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y simultáneamente reducir la dependencia del petróleo importado de ciertos países, no deja de tener su atractivo para ambientalistas y políticos.

Ahora bien, antes de examinar las posibilidades de diversos combustibles alternos, es de suma importancia definir sus mercados y cuáles de ellos podrían, al menos en esta etapa, sustituir a los que actualmente están en uso. Los tres modos de transporte, tierra, mar y aire, requieren diferentes soluciones.

En tierra, la inmensa mayoría del consumo es de gasolina y diésel; en los mares, es de fueloil pesado o combustible Nº 6; en el aire las aeronaves comerciales y militares utilizan querosén (Jet A y Jet A1). Los actuales sustitutos de la gasolina, el diésel y el fueloil para uso en tierra y mar no son perfectos, pero se ha hecho inmenso progreso tanto en el frente tecnológico como en el de la innovación debida al ingenio humano. Pero no obstante ese progreso, el reto de sustituir ese inmenso volumen de commodities críticas es enorme.

El consumo de gasolina solamente en Estados Unidos es de 378 millones de galones diarios, lo cual equivale a 140 mil millones de galones al año (15’876.000 B/D). Por su parte, el consumo de diésel está por los 60 millones de galones por año. Con la actual tecnología, la sustitución de los fósiles por nuevos productos sería imposible en el corto-mediano plazo.

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