Por: Hugo Sabogal

Las catas virtuales

Personas en distintos lugares del mundo se dan cita a través de internet para valorar el mismo producto. Cuando se prueba un nuevo vino es necesario ir más allá del propio gusto y descubrir sus cualidades y defectos.

Entre nosotros, la experiencia colectiva con el vino es de reciente cuño. De manera que el arte de catar es un acto reservado a aficionados y conocedores. La mayoría simplemente abre la botella, llena la copa y bebe. Muy pocos le dedican tiempo a entender qué se están tomando, porque no quieren desgastarse en buscar definiciones. Les da lo mismo empezar por la fase gustativa (3) y después pasar a la visual (1), sin detenerse en la olfativa (2), quizá la más importante.

Lo único cierto es que a medida que avanza nuestro contacto con el vino, también crece nuestro interés en disfrutar la esencia en cada botella. Y para ello es preciso conocer unas pocas reglas básicas para que, después de analizar el vino desde lo visual, lo olfativo y lo gustativo, identifiquemos sus cualidades y defectos para emitir una valoración que vaya más allá del “me gusta o no me gusta”.

Casi siempre, las catas se realizan en un lugar físico, donde los aficionados trabajan para establecer un puntaje. En la mayoría de los casos, esos puntajes no se firman, a menos de que se trate de un crítico o experto. Puede decirse que la cata es un ritual que requiere la presencia física de todos cuantos participan en él.

Sorprende, entonces, el auge que están alcanzado las catas virtuales, con participantes sentados en polos opuestos del planeta, y sólo conectados por la magia de internet. El coordinador lanza una citación y los interesados se cuelgan a través de sus computadores o teléfonos inteligentes. Eso sí, deben comprar las mismas botellas, respetando la marca, variedad y año de cosecha para que terminen hablando un mismo idioma.

La gran ventaja de las catas virtuales sobre las físicas y colectivas es que los integrantes comparten impresiones al instante con el dueño de la bodega o el responsable de la elaboración, lo que, sin duda, contribuye a estrechar la relación del bebedor con el vino y sus realizadores.

En los últimos meses han venido surgiendo sitios especializados donde se cata con cierta regularidad. Es el caso de TasteWinesOnline. Los participantes no requieren pagar ninguna cuota ni adquirir formularios. Todo es gratuito, menos las botellas que deben comprarse para participar. Otro sitio en ascenso es el portal español Verema, uno de los más completo de la península ibérica.

En la mayoría de los casos, los seguidores de las catas virtuales utilizan un alias para comunicarse con los demás, y actúan sin revelar su identidad. Pero también hay casos en los que el catador aparece con su propio nombre y apellido, y puede, incluso, incluir una fotografía suya para generar más confianza entre los participantes.

Muchos usuarios lo hacen por el simple placer de probar vinos y compartir impresiones con otros amantes de la bebida. Pero cada día surgen nuevas aplicaciones, como las empleadas por tiendas de vinos, casas de distribución, bodegas y restaurantes, que valiéndose de este recurso están en condiciones de conocer comentarios puntuales sobre vinos específicos. En ciertos casos, los miembros de estos paneles reciben un bono para reclamar botellas de vino o invitaciones especiales a un restaurante determinado.

Varias tiendas están recurriendo a las catas virtuales para vender vino por correo y evaluar los productos entre consumidores a distancia, con lo cual obtienen información que por otros métodos sería costoso conseguir.

A escala más institucional, organizaciones como Wines of Argentina están citando a catas virtuales mediante el uso de Twitter, y en los últimos meses han llevado a cabo degustaciones en vivo desde sedes reales como Nueva York, Chicago y Los Ángeles. En ellas participan blogueros, enólogos, y consumidores que se “reúnen” a probar y discutir todos aquellos vinos que han resultado premiados en concursos internacionales.

Hay que decir que las catas virtuales no están restringidas al mundo de los vinos. También pueden llevarse a cabo para analizar destilados, aceites de oliva, quesos o jamones, entre algunos productos gourmet. Igualmente, es posible celebrar encuentros de maridaje sin moverse de casa.

Quizás Émile Peynaud, el famoso enólogo francés que estableció los pasos de una cata profesional, se esté sintiendo muy inquieto en su tumba ante el surgimiento de todos estos desarrollos. Pero, para su tranquilidad, las catas físicas y virtuales comparten un mismo principio: “Gustar con atención un producto para poder analizarlo, describirlo, juzgarlo y clasificarlo”. El único consuelo es que seguiremos llevándonos el vino a la boca y obteniendo de él un placer incomparable.

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