Por: Antieditorial

Las cosas por su nombre apropiado

Por Rodrigo Meritorio

No puedo si no estar en desacuerdo con su editorial. O, mejor dicho, solo estoy de acuerdo con el título. Es cierto que la indignación no basta para acabar con la trata de personas, pero su ocurrencia de llamar “escándalo de rimbombancia novelesca” a la operación que hicieron las autoridades es un desatino. Al contrario, fue un trabajo juicioso para proteger y restaurar derechos a las niñas y mujeres, no solo colombianas sino extranjeras, que padecen sufrimientos inenarrables a manos de estas redes mafiosas.

Usted argumenta que ese “escándalo […] ha estado pésimamente enfocado”. Entonces, ¿cómo debería reenfocarse? ¿Acaso dejando de perseguir a los delincuentes, tratantes y proxenetas? Pareciera que a usted, únicamente en este tema, le molesta que las autoridades cumplan con su mandato.

Siguiendo la línea argumentativa de su texto, la fórmula para que las redes de trata y explotación sexual puedan ser desarticuladas es regulando el trabajo sexual. Sin embargo, este caso es sobre delitos tipificados en el Código Penal y en instrumentos de derecho internacional firmados y ratificados por Colombia para combatir la trata y la prostitución.

La prostitución es la expresión más clara y evidente de la dominación masculina sobre las mujeres, las cuales son consideradas seres inferiores. Usted cree resolver el problema planteando una regulación para que “den todas las garantías a quienes deseen ejercer voluntariamente el trabajo sexual.”, y así, los delitos serían más fáciles de perseguir. Lo que usted no sabe (aunque yo creo que sí lo sabe, pero decide ignorarlo) es que en los países que han usado su solución, la trata y la explotación sexual han aumentado. En lo que sí estamos de acuerdo es que la prohibición no es la solución porque hace recaer en las mujeres una responsabilidad que no les corresponde, siendo ellas las víctimas de dichos delitos.

Esa responsabilidad debe recaer en quienes de verdad ejercen la prostitución: proxenetas y compradores de sexo. De las redes de proxenetas se conoce su existencia, vínculos con todo tipo de negocios legales e ilegales; del trabajo sexual sí se debate, al contrario de lo que usted dice, pues hay muchos intereses y grandes cantidades de dinero financiando esta idea; de lo que nunca se habla y nunca se hacen debates es de los consumidores de sexo. Me refiero a la demanda de sexo por dinero, demanda que está abrumadoramente representada por varones (como usted y yo) formados en una sociedad machista que nos da el privilegio de escoger mujeres para dominar su voluntad y utilizarlas a cambio de dinero.

Ahí está el problema y la solución: las redes de trata se acabarán cuando traficar y vender cuerpos de mujeres y niñas no sea negocio, y el negocio se acabará cuando nosotros los varones entendamos que el deseo sexual no se compra. Por más que una mujer manifieste que está de acuerdo con ese intercambio comercial debemos pensar si nosotros, como varones, tenemos el derecho de sacar provecho de su condición y financiar estas redes de trata.

[email protected], @rodrigmeritorio

 

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