Por: Hernán González Rodríguez

Las crisis europeas

La revista Fortune sostiene que resulta imposible que un país supere la crisis económica actual, solamente recortando gastos y elevando impuestos. Que resulta necesario, además, lograr que las economías crezcan, algo que se considera hoy particularmente difícil para las economías de la eurozona.

Como ejemplo de esto analizan cuanto le ha acontecido a Grecia durante los últimos 18 meses. Atendiendo las recomendaciones de austeridad del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional, adoptaron, como es sabido, severas medidas para elevar impuestos y recortar gastos. Acoger tales consejos tuvo un efecto devastador sobre la economía griega. El PIB se les desplomó un 6% en 2010 y un 7% durante el segundo trimestre de 2011, mucho más de lo que alguien imaginara. Los colombianos sabemos por experiencia propia lo que significan tales austeridades.

Si bien Italia y España no están tan mal como Grecia, los observadores consideran que también podrían caer en la misma trampa que su vecino.  Para evitar este resultado, les aconsejan  efectuar verdaderos cambios estructurales en su economía. Sí; los cambios estructurales emergen como la varita mágica.

Les insinúan comenzar por reformar las leyes laborales que dificultan ingresar y despedir a los trabajadores.  Les sugieren reducir la participación del Estado en sus grandes empresas para fomentar la inversión externa directa y para contrarrestar el despilfarro oficial. Les aconsejan concentrarse más en el sector de los servicios que en el de la manufactura, cambio que les tomó 30 años efectuar a los Estados Unidos”.

Algunos analistas “consideran que resultan ser medio teóricas tales reformas “estructurales” con crecimiento que recomiendan ciertos pomposos organismos multilaterales, puesto que desconocen las realidades amargas de la economía global vigente. 

Desconocen estos teóricos que, tanto los bienes como los servicios a nivel mundial, están siendo producidos por personas desesperadas, ansiosas de trabajar con tal de recibir menos de lo que constituye un “salario digno” en los países ricos. Estos resignados operarios viven en naciones  cuyos gobiernos compiten por doquiera en forma desleal con devaluaciones, subsidios y barreras no arancelarias y cero reciprocidades. 

Resulta curioso constatar que los pasatiempos económicos de la Europa Mediterránea coinciden con las propuestas de nuestro vicepresidente, señor Angelino Garzón, a saber: legislar para ampliar los derechos de sectores minoritarios sin importar las consecuencias sobre las grandes mayorías de la población; establecer jubilaciones generalizadas y elevadas para pensionados jóvenes; decretar incrementos salariales por sobre las tasas de inflación y productividad; y, en consecuencia, asfixiar a algunos pocos con los impuestos para poder sufragar sus populismos…

En las conquistas laborales de Garzón sólo hace falta incitar levantamientos para poder dormir dos horas diarias de siesta, como en el Mediterráeo y los 45 días de vacaciones por año.  Quiera el Cielo que la salud le permita al presidente Santos concluir su mandato.

Cuando se analizan estos fracasos derivados de los socialismos populistas de la eurozona, entre países educados y desarrollados, no resulta aventurado vaticinar el fracaso de las asociaciones comerciales entre Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega…

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