Por: Salomón Kalmanovitz

Las cuentas de 2014

El gobierno salió a celebrar el crecimiento económico observado durante 2014, de 4,6%, como el más alto de la América Latina y uno de los más altos del mundo. Agregó que la tendencia se mantendría, aunque con una menor dinámica.

Lo que no reveló el ministro de Hacienda fue el frenazo del último trimestre del año, que se dio antes de que el precio del petróleo se acabara de derrumbar. Si se proyecta el crecimiento entre los dos últimos trimestres de 2014 hacia 2015, que es el método más utilizado en los países desarrollados, se obtendrá un pobre crecimiento de 2,8%. El colapso de la inversión en la minería y el petróleo, registrado dolorosamente en La Guajira, el Cesar, el Meta y Casanare en lo que va del año, hará que el resultado sea peor.

Sigue siendo muy preocupante la magnitud del déficit externo. La diferencia entre importaciones y exportaciones castiga el PIB, porque hay desplazamiento de la demanda hacia fuera. De esta manera, la resta a precios corrientes fue de -7,5% del PIB durante el cuarto trimestre y de -5,4% para todo el año. Los técnicos del DANE parecen haber masajeado el consumo anual del Gobierno (+6,2%) y la inversión (+11,7%) para neutralizar un efecto tan fuerte. A precios constantes, la diferencia fue más del doble, por la caída abrupta de los precios de las exportaciones primarias, compensado parcialmente por la devaluación, y el impacto de la misma devaluación en el precio de las importaciones.

En el primer mes de 2015, la balanza comercial presentó un déficit de US$1.800, el más alto desde que se tiene registro, según Fedesarrollo. Sin embargo, el crecimiento de las importaciones comenzó a moderarse (0,8%), mientras que las exportaciones tradicionales tuvieron una caída de 38% y las industriales siguieron disminuyendo (-7%). Un dato esperanzador es el aumento de las exportaciones agropecuarias, alimentos y bebidas, que crecieron 26% en enero. En el mismo sentido, mejoraron los índices de confianza industrial, volumen de pedidos y ocupación de la capacidad instalada.

La industria se volvió a contraer en 2014 (-0,2%). En enero de 2015, la producción real cayó otro 2,5%, que tuvo que ver fundamentalmente con la refinación de combustible y azúcar, contrarrestada por las ramas de bebidas, alimentos, trilla de café y química, que crecieron bien. Los datos contradictorios sugieren que el período de ajuste entre una economía especializada en sus productos primarios, y que causó una prolongada desindustrialización, a la recuperación agrícola e industrial plena, puede ser bastante largo. Muchas industrias se tornaron en maquilas de bienes importados y otras simplemente se cerraron. Se dejaron de producir cereales.

Hacia el futuro probablemente va a aumentar la participación de la industria local en el mercado interno y las ramas que ya exportaban van a contar con un incentivo adicional. Pero estamos lejos de los años noventa, cuando la industria era 20% del PIB para reducirse al 11% en 2014, espacio que fuera ocupado por la minería y sus exportaciones durante los años de bonanza.

Se requiere de una política que aumente la productividad general, formación de capital humano, inversión en bienes públicos para el sector agropecuario, compras del Estado e incentivos focalizados a la exportación; también de políticas macroeconómicas de ahorro e inversión que apoyen el crecimiento industrial, contrario a lo que sucedió desde que se descubrió petróleo en los año noventa.

 

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