Por: Salomón Kalmanovitz

Las cuentas de un ex ministro

EN UN BONITO GRÁFICO EL EX MINIStro Alberto Carrasquilla muestra cómo se ha reducido el tamaño del consumo del Gobierno en los 6 años que lleva el presidente Uribe concentrando cada vez más el poder.

El consumo es una categoría de Cuentas Nacionales que excluye el consumo intermedio y el servicio de la deuda y equivale básicamente a los salarios que paga el Gobierno Central. En términos macroeconómicos es más relevante el que incluye estos rubros pues se constituyen en demanda efectiva, aunque el servicio de la deuda externa puede no volver a ser demanda por bienes y servicios producidos en el país.

Así las cosas, las otras medidas informan que el tamaño del sector público aumentó ligeramente entre 2002 y 2007, ya sea el dato del Banco de la República, del 21 al 22% del PIB o si se toman los datos del presupuesto del Ministerio de Hacienda que ronda el 31% del PIB en 2007.

Los ingresos del Gobierno han mejorado sustancialmente porque los recaudos reflejan el auge económico y, sin embargo, persiste un déficit de 3,6% en 2006 y 3,3% en 2007. Si se incluyen privatizaciones, básicamente la venta de parte de Ecopetrol, el déficit de 2007 baja a 2,6% del PIB.

¿Cómo se financian esos déficit? Los datos del Banco de la República informan que la deuda total del país aumentó en 7 billones de pesos entre 2006 y 2007, y la deuda externa en US$4.600 millones. El impacto directo sobre el mercado cambiario fue el aumento de la oferta de dólares, alrededor del 60%, que entró por inversión extranjera. El recorte del presupuesto de 2009 anunciado por el ministro Zuluaga, de sólo 0,3% del PIB, es insuficiente y refleja todavía la intención de aumentar el gasto muy por encima del crecimiento del producto.

Supongamos que el Gobierno en vez de traer dólares los compra en el mercado para prepagar deuda. La oferta de dólares se contraería y el peso se devaluaría de manera gradual. El gráfico que trae El Espectador sobre las revaluaciones en América Latina muestra que Colombia obtiene la máxima este año y no está recibiendo más inversión extranjera que Perú. Sin embargo, Perú, que muestra un superávit fiscal de 2,5% del producto, crece 9%, obtuvo recientemente grado de inversión, tiene menos inflación que Colombia y su revaluación es moderada.

La argumentación de Carrasquilla es no sólo perversa, sino equivocada: si el Gobierno se muestra responsable y logra  un balance superavitario, aumentaría la confianza de los inversionistas en el país, valorizaría los activos en pesos y, por lo tanto, aumentarían los  flujos de capital que causarían una revaluación adicional del peso.

 Es mejor entonces no provocar un exceso de confianza en el país y seguir con gasto excesivo que causa inflación, altas tasas de interés y revaluación por la vía de la demanda que no por la del valor de los activos. Llevemos el argumento al absurdo: el remedio es generar un déficit fiscal tan amenazante que provoque una estampida de capital y con ella una calamitosa devaluación de la moneda que termine beneficiando a los productores de transables. Como va la avalancha de devolución de impuestos a las empresas, este no es un escenario del todo desdeñable.

Me parece que la propuesta Carrasquilla de remover las cargas parafiscales para favorecer el golpeado empleo en los sectores transables es sensata; debió tomarse hace mucho tiempo y de manera permanente, en vez de estar dando subsidios a dedo a algunos exportadores. Ello obligaría a aumentar los impuestos de la renta y del IVA, algo a lo que este Gobierno es bastante alérgico.

 

 

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