Por: Salomón Kalmanovitz

Las cuentas nacionales en el siglo XIX

Las primeras cuentas nacionales de Colombia fueron elaboradas por la CEPAL y cubrían 1923-1958. Recientemente, un grupo del Banco de la República las recalculó, comenzando en 1905. Este columnista calculó el PIB de 1800 de la Nueva Granada, con base en las estadísticas fiscales y de diezmos de la Corona y los censos de población de 1878 y 1825. Ahora se propone, junto con Edwin López en la Tadeo, generar una serie para adivinar el comportamiento económico durante el siglo XIX.

Los resultados hasta el momento me parecen sorprendentes e intrigantes. Primero que todo, el siglo XVIII fue de un intenso crecimiento económico liderado por la minería del oro, contra la visión de los rebeldes criollos, adoptada acríticamente por la Academia de Historia y algunos historiadores profesionales. En efecto, la acuñación de oro crecía al 2,6% anual, que es muy alto para una economía precapitalista, con fuertes trabas a la movilidad de la mano de obra y de la tierra y con monopolios comerciales y productivos (estancos).

La política de la Corona fue exitosa porque incentivó la minería, eximiéndola de impuestos; ésta jalonó al resto de la economía que entonces fue sometida a una despiadada alza de tributos que alcanzaron a representar el 12% del PIB, incluyendo 1,2% de diezmos que financiaban el culto católico. Los criollos tenían razón al protestar no sólo contra los altos impuestos sino también contra el monopolio comercial que les impedía transar con todos los países del mundo de esa época, en especial Inglaterra y Estados Unidos. Contra el monopolio comercial había un importante contrabando, calculado por Meisel, del orden del 15% del comercio legal.

Segundo, el siglo XIX republicano es de estancamiento. Las guerras civiles de la llamada patria boba, la reconquista y la guerra de liberación desorganizaron la esclavitud y con ella la producción de oro en Cauca y el Chocó. El desorden político y los continuos cambios constitucionales constituyeron un freno adicional al crecimiento económico. El PIB por habitante cae hasta 1833, cuando se comienzan a tener cifras de comercio exterior y se recupera un poco hasta 1850.

La tercera sorpresa es que el PIB tiene un fuerte crecimiento entre 1850 y 1885, gracias a las reformas liberales y a pesar de la alta volatilidad de las exportaciones y los sucesivos fracasos del tabaco, la quina y el añil, mientras por debajo surgía paulatinamente el café. Es también una fase de dos guerras civiles en 1862 y 1875 pero no parecen haber sido muy intensas.

El cuarto hallazgo intuido en la literatura, pero sin darle cifras hasta el momento, es que hay una contracción del PIB por habitante entre 1885 y 1905, fase en la cual cae 0,5% por año. Las políticas inflacionistas de la Regeneración, la persecución contra los liberales y los empresarios de la época, incluyendo a los banqueros, y las tres guerras civiles que sacudieron al país, en especial la muy cruenta de los mil días, dieron al traste con el auge que trajo la inserción del país en el mercado mundial.

La Independencia tuvo entonces costos altos, siendo el mayor la pérdida de un orden político que la Corona sostuvo de manera permanente por tres siglos de manera inmutable. Este orden fue posible reconstruirlo sólo a principios del siglo XX  con las reformas de Reyes en 1905, reforzadas por las reformas constitucionales de 1910, que generaron unas reglas políticas relativamente consensuadas entre conservadores y liberales. Este nuevo orden político sirvió de base al mejor crecimiento económico de Colombia en el siglo XX. Las reformas liberales acometidas durante el siglo XIX  habían también modernizado al país y lo habían liberado de muchas de las trabas del hispanismo arcaico que impedían el desarrollo económico. Este fue el gran beneficio que trajo la independencia que creemos terminó siendo mayor que su costo.

 

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