Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Las de cal y las de arena

El año termina como comenzó: lleno de ruido, incertidumbre y apuestas grandes y peligrosas. Rebaja de impuestos a los muy ricos por parte de Trump; enjuiciamiento por corrupción de Kuczynski en Perú; cruciales elecciones sobre la propuesta independentista en Cataluña; el conflicto alrededor de Jerusalén; movilización contra el fraude electoral en Honduras; amenazas de la Unión Europea de quitarle el voto a Polonia por su deriva antidemocrática… Esto en menos de una semana.

Y si por allá llueve por acá estamos pagando escampaderos de a peso. Como en el exterior, no todo es negativo, pero todo sí parece estar relacionado con temas críticos. El escándalo de la provisión de alimentos escolares, los enormes pagos de diferentes entidades estatales a Navelena, captura-denuncias-extradición de Don Mario, la oposición activa de los presidentes de las dos cámaras a las curules del Acuerdo de Paz, selección del candidato del Centro Democrático, reveladoras encuestas presidenciales, lanzamiento oficial de la Coalición Colombia justo en el momento en que está picando en punta en ellas, nombramiento de Gustavo Bell (quien por su formación de historiador y su talante puede hacer un gran papel) para encabezar la delegación gubernamental que negocia con el Eln…

Pero de todos estos temas, escogería como el más crucial —no solamente el de la semana: del año en Colombia— el del asesinato de líderes sociales. En este particular, tuvimos tanto las de cal como las de arena. Por una parte, el presidente Santos al fin adoptó algunas de las medidas críticas (sólo una parte; pero una no insignificante) que habíamos venido demandando los que estamos metidos en el tema. Por otra, esta semana mataron aun a otro líder y el ministro de Defensa pronunció su fatal dictamen sobre los motivos de estos homicidios: “líos de faldas”.

Ahora bien: Villegas es un ministro interesante, pacifista genuino y, algo que quizás no sea muy conocido, alguien que tiene familiaridad con el tema. En efecto, durante debates relacionados con uno análogo —el homicidio de sindicalistas— jugó como líder del sector privado un papel que creo no puede considerarse negativo. Pues precisamente por ser quien es, sus declaraciones revelan muchos de nuestros problemas como sociedad en términos de brutal clasismo, ineficiencia y falta de noción de Estado. Me explico. Ineficiencia: ¿por qué en lugar de especular no se concentra en los resultados? La “preocupación inmensa” que declara contrasta con los resultados minúsculos, hasta ahora, en términos de capacidad de protección. Falta de noción de Estado: no parece haber una comprensión clara entre nuestros equipos dirigentes de la catástrofe que significa que asesinen prácticamente todas las semanas a un líder social. Buena parte de los beneficios de la paz quedan neutralizados por ese fenómeno. Por ejemplo: ¿cómo obtener una despolarización en el trámite de las demandas sociales si los que las encabezan y formulan tienen una pistola en la cabeza? Para no hablar de la profunda inmoralidad de esta suerte de “homicidio por invitación”: participa para construir la “paz territorial”, pero si te pegan un tiro porque pisaste callos muy grandes, entonces miro para otro lado.

Clasismo: para entender todo lo que hay de simple absurdo y de desconsideración pura y dura en lo del “lío de faldas”, haga el lector la analogía con el secuestro. Delito repugnante. Tengo que decir, empero, que a esta fecha hay mucha más evidencia para el secuestro que para el homicidio de líderes de que una porción significativa de eventos ha sido cometido por razones familiares e individuales (por ejemplo: extorsiones de hijos a padres, o entre cónyuges). ¿Pero lo atribuiría Villegas a “faldas”? Jamás. No se le ocurriría, y además sabe que se lo comerían vivo. No, la cosa no es por ahí. Con el secuestro, identificaron actores y problemas y desarrollaron una política pública eficaz. Toca hacerlo ahora con éste tema. Ya.

Felices pascuas.

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