Por: Manuel Guedán

Las dos almas de la derecha española

Definitivamente, la derecha española siempre ha tenido dos almas: la moderada y europeísta, inspirada en la doctrina social de la Iglesia, y la dura, nacionalista-españolista, inspirada, en los últimos años, en los neocons de Bush y en el fundamentalismo de los dos últimos Papas. La primera se quedó en el camino y ahora Rajoy intenta reivindicarla. La otra sigue fuerte y no está dispuesta a ser desplazada.

De ahí, la guerra fratricida del Partido Popular por conseguir posiciones en el Congreso de este mes. Es verdad que en el PP ha habido siempre tendencias, pero José María Aznar consiguió una especie de magma en el que todos se mezclaban, aunque hubiera más halcones que palomas. Aznar fue un halcón y, como tal, ejerció el poder, aunque ganara las elecciones unas veces citando como ejemplo a don Manuel Azaña y otras al mismísimo presidente Bush.

Si nos fijamos en la historia, podemos comprobar que el PP, antes Alianza Popular, nunca integró a los sectores más abiertos de la derecha española. Quedaron fuera los nacionalistas conservadores -vascos y catalanes- y fuera quedaron también destacadas personalidades de la democracia cristiana y del liberalismo, como Fernando Álvarez Miranda o Antonio Garrigues Walker, que hubieran sido fundamentales para el logro de una derecha moderna, al estilo de los conservadores europeos.

Conocí a Fernando Álvarez Miranda en 1973. Ya había participado en una importante reunión de demócratas en Munich y había sido deportado por el franquismo a las islas Canarias. Siempre fue y sigue siendo un demócrata cristiano de firmes convicciones, muy vinculado a Eduardo Frei, Rafael Caldera… La Constitución española lleva su firma, ya que fue el primer presidente del Congreso de los Diputados. Pasó dificultades profesionales, pero no quiso integrarse en una derecha que nunca rompió verdaderamente con el franquismo ni lo condenó.

Esa desconfianza que siempre ha tenido Fernando, a la luz de lo que ha pasado y de lo que está pasando, tiene todo el fundamento. En el Partido Popular sólo ha habido estabilidad y aparente unanimidad cuando han mandan los duros y cuando el poder se ha ejercido de manera férrea. Mariano Rajoy fue un lider indiscutible mientras leía, al pie de la letra, el guión que le escribía Aznar y mantenía a su lado a toda la vieja guardia.

Otra cosa que es yo nunca estuviera seguro –y la mayoría de los españoles creo que tampoco- si Rajoy se creía lo que leía o era una pura representación para mantener calmado el patio de butacas. Ahora tampoco entiendo muy bien lo que está pasando y sigo sin saber si, de la noche a la mañana, se ha hecho moderado o si ha cambiado el discurso porque cree que el que corresponde a una derecha moderna, capaz de ganar las próximas elecciones generales.

De cualquier manera, el esperado Congreso no va a cerrar un debate planteado con tanta virulencia. Se inclinará, quizá, por la opción más moderada, la de Mariano Rajoy, pero los halcones, que tienen poder, lo seguirán ejerciendo. El Congreso no será el último capítulo, sino el inicio de una nueva serie.

Universidad de Alcalá

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