Por: Lorenzo Madrigal

Las edades

LOS DEMÓCRATAS EN NORTEAMÉRICA escogieron ya entre dos opciones de candidatura inusuales: un hombre afroamericano y una mujer, y ahora todos los electores deberán hacerlo entre dos hombres: uno joven y otro bastante mayor, cuando se va a jugar la Presidencia misma de la Nación.

John McCain anda por los setenta y un años y Barack Obama luce “juveniles” cuarenta y seis. No voy a ocuparme de las diferencias sustanciales entre ellos, sólo del asunto de la edad, que es curioso y ofrece muchas paradojas.

No sería Obama, como se ha dicho, el presidente más joven en llegar al poder en los Estados Unidos. Más joven llegó Kennedy (43) y más joven aún Theodore Roosevelt (indomable y pretencioso en sus 42).

En Colombia se ha dicho que Gaviria, Samper o Andrés Pastrana fueron los más jóvenes en jurar Constitución y Leyes en el siglo pasado. Pero no, con frecuencia se olvida la primera presidencia de Alberto Lleras Camargo, quien, cumpliendo apenas cuarenta, reemplazó a López Pumarejo. Fue, sin duda, el presidente más joven del novecientos.

La edad importa, claro que importa. Pero no es determinante: hay, por supuesto, hombres y mujeres jóvenes de gran madurez (ejemplo, el citado Lleras), como inmaduros de ochenta, que tan solo por estos días renunciaron al poder (no cito a nadie).

Increíblemente jóvenes, nuestros próceres morían (de muerte natural) en sus cuarenta y pico (Bolívar, Santander), tras largas y meritorias hazañas y tras sus respectivas presidencias. Por contraste, hombres como Churchill comenzaron a ser influyentes a los sesenta o más de su existencia.

Konrad Adenauer, el gran canciller alemán, llegó al puesto a los 73 años y lo dejó a los 87, en plena lucidez. Erhardt no fue un canciller joven, pero se retiró sin cumplir los setenta.

Para un Papa, sesenta años es juventud (Juan Pablo II, al ser coronado) y edad casi normal los 78, en la que fue exaltado el Papa Ratzinger.

En bastante enfermos ochenta y cinco accedió al mando de este país Manuel Antonio Sanclemente y gobernó (bueno, envió razones a la capital desde sitios de veraneo) hasta los ochenta y siete. Y el único en Colombia que murió en ejercicio del mando fue el presidente  Zaldúa, cumplidos setenta y uno de vida y pocos meses de gobierno.

Habrá que ver si la fuerza de juventud de un Barack Obama y el cambio que implica logra derrotar la prevención racial de su país, sin que deje de ayudarle la edad provecta de su rival, que tampoco sería óbice, al menos para un primer término de cuatro años.

Volviendo a lo nuestro, Álvaro Uribe comenzó a los cincuenta, como cualquier Santos, López u Ospina Pérez (55), con la diferencia de que éstos entregaban el solio al finalizar el período para el cual habían sido elegidos.

 

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