Conversatorio de Colombia 2020

hace 5 horas
Musa erótica

Las edades de la pasión

La historia de un hombre cuyo destino amoroso quedó escrito desde su adolescencia, ocupa las páginas de un cuento ligero del siglo XVIII que brilla por su libertinaje moderado en una época que tiene más de lujuria que de pasiones controladas.

Stanislas de Boufflers.Archivo particular

Es La reina de Golconda, de Stanislas de Boufflers, un francés criado en la corte, sacerdote a medias y hombre de armas. El relato empieza con el flechazo de amor que recibieron por igual un joven de quince años y una aldeana de catorce en un encuentro accidentado y feliz que terminó en intimidad.

“Era a esa edad y en aquel lugar donde el amor nos esperaba para darnos sus primeras lecciones. Mi dicha se vio turbada al principio por el llanto de Aline, mas pronto dejó su dolor paso a la voluptuosidad (…) Fue entonces cuando conocí verdaderamente el placer, y el placer mayor de dárselo a alguien que se ama”.

En esa ocasión, como prueba de amor, el joven le entregó un anillo, pero la mala suerte los separó porque el padre del muchacho tuvo que trasladarse a París. Pasaron los años y el libertinaje y la ambición sustituyeron el amor de su corazón.

Volvió a encontrarse con Aline pero en condición de marquesa de Castelmont y supo que era ella por el anillo. Pasaron la noche juntos, gracias a la ausencia del marqués, y ella le contó sus desventuras y le confesó que nunca había dejado de amarlo.

“… la idea de ti siempre estaba presente en mi mente cuando te era infiel, y envenenaba casi siempre mi placer. Confesaré, sin embargo, que de vez en cuando le prestaba cierto encanto”.

Pero llegó la separación. El joven fue enviado en comisión a la India. Después de muchas aventuras llegó a Golconda, el estado más floreciente de Asia. Cuál sería su sorpresa cuando vio que la reina era Aline, porque después de la inesperada muerte del marqués la vida la puso camino a ese reino, primero como esclava y después como señora. Se amaron a escondidas hasta que fueron sorprendidos y él fue echado de esas tierras.

Ya viejo, en un desierto, lejos de todos, le contó a una anciana su historia. La mujer lo escuchó con atención y, al final, le mostró el anillo. Era Aline que había huido de la cólera de su marido, el rey de Golconda. “Antaño fuimos jóvenes y hermosos; seamos sensatos ahora, seremos más felices.

En la edad del amor nos disipamos en lugar de gozar; ahora estamos en la edad de la amistad; gocemos en lugar de añorar”, le dijo Aline.

Con Boufflers, la mujer es la que enseña al hombre a vivir sin ambiciones. Aline mantuvo vivo el amor en su corazón, mientras él se dejaba arrastrar por las bajas pasiones. Ahora, en la madurez, ella le enseñaba otra forma de disfrutar el deseo, de gozarse la vida. En la piel de Aline encontró la paz de sus pasiones, y en su corazón, la grandeza del alma. Al final de sus días, empezó a vivir.

*Subdirector de Noticias Caracol.

 

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