Por: Mario Morales

Las emociones del Presidente

MENOS MAL QUE, SEGÚN LA MISMA Presidencia de la República, sólo el 57% de las propuestas que surgen en los consejos comunitarios sabatinos, se está llevando a cabo.

Queda, pues, un margen de error saludable. No sólo porque no todo lo que se ha dicho en las más de 200 sesiones,  tiene cabal cumplimiento, por fortuna; sino porque desmiente la creencia de que al presidente Uribe no le gustan el sarcasmo o la ironía.

Porque nadie en este país, (ni siquiera Plinio Apuleyo o Fernando Londoño), se habrá tomado en serio eso que dijo el Presidente el sábado pasado en Morelia, Caquetá, de que “si nos tenemos que gastar el presupuesto de Colombia pagando recompensas, nos lo gastamos”.

Era sólo un decir. Las emociones, se entiende. El presidente, estudioso como es, sabe que las recompensas no pueden ser el soporte de la política de seguridad democrática, porque terminan subvirtiendo los valores y el orden moral con la premisa de que “por plata todo se vale”.  Además despoja a ciudadanos y militares de la responsabilidad civil y patriótica, que no es electiva, de denunciar cualquier ilícito, sin incentivo alguno, más allá del beneficio común. Son los mínimos de una sociedad decente.

Pero bueno, hay que comprenderlo. Tiene semanas de trabajo encima, la jornada de diez horas frente a cámaras es extenuante, está la presión del directo, y si le sumamos los aplausos exaltados del  91% y los “vivas” del 79%, que mal que bien reemplazan los cortes de comerciales, pues cualquiera se emociona.

Es mejor dejar así, sin más, la frasecita para el ya largo anecdotario en esos escenarios, que incluye, por ejemplo,  la propuesta que hizo en Villavicencio de comprarle la coca y la amapola a los campesinos sembradores, cuando dio en cámara su número telefónico por si alguien necesitaba algo, la orden de arresto “ipso facto” del secretario de Gobierno de Buenaventura, o de una funcionaria del ICBF en Ciénaga, o cuando defendió la presencia de cascos azules en nuestro suelo, o cuando mandó que le pusieran teléfono a todos los habitantes de un municipio, o cuando…

Se entiende, insisto. Una cosa es la soledad del poder en medio de las frías cifras de encuestas e informes de sus asesores y otra los sábados de aclamaciones. El Presidente puede llegar a creerles a los dos. Quizás a las gotitas para su genio de gallo fino, como lo calificó  en este diario su hermano Santiago, haya que añadirle unas nuevas para controlar esas otras emociones…

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