Por: Cartas de los lectores

Las encrucijadas de Macías y Duque

Si la sabiduría fuera una virtud común en los seres humanos, éstos no se equivocarían tanto. La sabiduría, en su simplicidad, está contenida en dichos y refranes, adagios y proverbios, máximas y aforismos. Son sentencias que están en boca de todos, pero no en el espíritu, donde anidan la prudencia y la mesura.

Ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio; no juzgues, para que no seas juzgado; pagar en la misma moneda; no hagas a otro lo que no quieras para ti. Y otros por ese estilo que los lectores pueden ensartar. Si los aplicáramos, la vida sería más llevadera; pero todos son impunemente ignorados a la hora de ponerlos en práctica. Nadie escapa a su yerro. “Yerros propios de la inmadurez”, dicen.

¡Y cómo persiguen esos yerros de la inmadurez a los servidores públicos! ¿Quién no recuerda el discurso de Ernesto Macías en la posesión del presidente Iván Duque? Su tono pendenciero y su estilo demoledor, dañino y catastrófico, para demostrar que el gobierno de Juan Manuel Santos había sido un verdadero desastre (una paz errática y un país entregado a las Farc); además del oportunismo para decirlo, aprovechándose de la presencia de medio mundo diplomático y de un país entero que lo veía y escuchaba por radio y televisión.

Pues hoy es el mismo servidor, en la “última jugadita” como presidente del Senado, quien sacó literalmente por la puerta de atrás al presidente para que no escuchara la réplica de la oposición a su discurso en la instalación del nuevo Congreso; un derecho, además, legítimo y consagrado en la Constitución. Ahora el señor Ernesto Macías tendrá que demostrar ante la Procuraduría que con su “jugadita” no incurrió en una falta disciplinaria grave.

De otro lado, el presidente Iván Duque Márquez no la tiene fácil. La revista Semana resume en tres líneas el presente y el futuro: “Al cumplirse el primer año de gobierno, todavía no hay mucho que mostrar. Pero el presidente Duque tiene las condiciones y tres años para enderezar el rumbo”. La revista es indulgente y, queriendo interpretar un sentir nacional, deja pasar el tiempo ya transcurrido como un “año de aprendizaje”.

En fin, restan tres años difíciles para dar la vuelta de tuerca a la actual realidad. Le ha correspondido a Duque consolidar el logro de la paz, que ahora parece desandar lo poco que se logró con Santos. ¿Cómo detener el asesinato de líderes sociales? ¿Cómo avanzar en la restitución de tierras y la implementación de una reforma agraria que haga justicia al empobrecido campesino? ¿Cómo lidiar con la economía para frenar el incremento del desempleo? ¿Cómo trabajar con el Congreso sin que esa gestión no esté mediada por la corrupción? Y quizá la que sería la jugada más difícil: ¿cómo gobernar con un margen de autonomía que no le implique romper con el sector más radical de su partido? Las relaciones con el imprevisible Donald Trump y la recuperación del segundo socio comercial, que fue Venezuela, son los mayores enigmas, ¡y lo que representan para darle forma a un nuevo proyecto de país!

Son muchos los colombianos que piensan que el presidente Iván Duque tiene la inteligencia y las condiciones para desatar el nudo gordiano de su encrucijada. No cabe duda de que estamos ante un nuevo caso de cuadratura del círculo. Sin embargo, nada hay en este mundo que se resista a un hombre que busca y encuentra el modo de gobernar con sabiduría. Y Ernesto Macías, si se lo propone, puede hallar también en la prudencia y la mesura su mejor compañía.

Donaldo Mendoza.

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