Por: Catalina Ruiz-Navarro

Las estudiantes

La revista Vice Colombia acaba de sacar un especial investigativo sobre la situación de abuso y acoso sexual que enfrentan las estudiantes en Colombia. Según cifras de esta revista (que consultó con las respectivas universidades), en la Universiad de Antioquia “al menos una cuarta parte de la población universitaria tiene conocimiento de actos de violencia de género” (17.000 miembros de la comunidad en el momento de la encuesta). La Universidad de Caldas, en 2007, llegó a cifras de 84 casos de acoso y ocho violaciones en la institución. Cuenta Vice que “en 2016, la Dirección de Bienestar Universitario de la Universidad Nacional encuestó a 1.602 mujeres estudiantes de su sede en Bogotá y concluyó que 54 % fue víctima de algún tipo de violencia sexual en la institución o en actividades relacionadas con esta. 105 dijeron haber sido violadas, y otras 33 admitieron haber sido víctimas de violación en más de una ocasión. Sin embargo, de todas las víctimas de cualquier tipo de violencia sexual, solo 54 hicieron una denuncia”. Y esto es cuando las universidades tienen cifras. Los Andes, por ejemplo, no recoge cifras al respecto desde 1997.

En una buena parte de las carreras, tanto en las consideradas masculinas (como las ingenierías) como en las femeninas (como la psicología) —y valga decir que dicha clasificación es una manifestación más de nuestros prejuicios de género—, la proporción de mujeres que luego de graduarse no se dedican a su profesión es considerable. Esto sucede por muchas razones; una de ellas es que, en parejas heterosexules, los hombres suelen ganar más, y cuando toca decidir quién se queda en casa con los niños la decisión parece pragmática, pero en realidad es sexista.

Además de la brecha salarial está uno de los obstáculos más grandes para las mujeres entre todos los obstáculos de su vida: el acoso. Entras a estudiar a una universidad y desde el primer semestre sabes que te van a juzgar por tu apariencia y por lo que te pones, mucho, mucho antes de por lo que pienses. Estos juicios serán extensivos a los profesores, muchos, además, coquetos, impresionantes con sus grandes ideas y, en realidad, predadores de alumnas. Y se siente muy feo darse cuenta de que un maestro que uno creía que se había interesado en nuestras capacidades profesionales termine solo queriendo sexo, para contarnos en su larga lista de aventuras universitarias. Eso pesa mucho en la autoestima. Y como muchas de las pruebas de estas situaciones recaen en testimonios de la víctima, que suelen ponerse en duda, las denuncias no suelen terminar en nada, bienestar universitario si mucho se limita a dar apoyo psicológico y poco impedirá que el profesor acosador siga rondando los pasillos de clase mientras la estudiante queda con fama de ser una zorra trepadora. Así, estudiar con qué ganas.

La investigación de Vice le pone cara a un secreto a voces: las universidades son lugares hostiles para las mujeres. No basta con atender a las clases, hacer la tarea, también toca estar en permanente situación de autodefensa tanto dentro del plantel como fuera.Los agresores son desde los profesores hasta los compañeros de clase, y todas las cifras que se tienen son un subregistro. ¿Se imaginan todo lo que lograrían hacer las estudiantes si no tuvieran que dedicarle toda esa energía a que no las violen o incluso a que no dañen su reputación, y en cambio se dedicaran a concentrarse en sus estudios?

Es mentira que puede haber buenas relaciones, sexuales o románticas, entre alumnas y profesores, porque aun cuando la alumna quiera enredarse con su profesor, o profesora, hay una desigualdad tal de poder que resulta muy fácil que juegue en su contra. Y esto no es responsabilidad de las alumnas, que deberían estudiar en paz, es culpa de la cultura machista universitaria que morbosea socarronamente a las estudiantes y no se toma en serio el impacto que el acoso tiene en nuestras vidas emocionales y profesionales. Las universidades de Colombia tienen que ser espacios seguros para las mujeres, es un paso clave para que podamos acabar con la desigualdad. ¡Dejen estudiar en paz!

@Catalinapordios

 

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