Por: Mauricio Botero Caicedo

Las falencias del "Ministrómetro"

LA REVISTA DINERO, EN SU EDICIÓN del pasado 1° de abril, publicó una encuesta con el exótico título de "Ministrómetro".

Considero desafortunada dicha encuesta, ya que el calificar a todo un gabinete con base en la opinión de sólo 200 empresarios es presuntuoso y equivocado. La segunda razón es que los encuestados no parecieran estar muy enterados: califican de excelente la gestión de devolver la tranquilidad en las relaciones con Venezuela y Ecuador, cuando probablemente se trata de un fenómeno transitorio y no permanente: Venezuela sigue sin pagarles a los empresarios colombianos buena parte de las millonarias sumas que les adeuda y las relaciones con Ecuador (aparte de uno que otro abrazo con Correa) no muestran resultados tangibles. Por otra parte, el “Ministrómetro” le adjudica la peor nota al ministro de Transporte, Germán Cardona, aduciendo que el mal manejo del paro de transportadores explica la mala calificación. Los encuestados parecen desconocer que la responsabilidad en el manejo del paro recaía principalmente en los ministros del Interior y de Protección Social, encargados ambos del orden público y de los temas laborales. Cardona, con energía y temple, rehusó ceder ante las peregrinas pretensiones de los transportistas.

Pero aparte de las cuestionables conclusiones de encuestas ‘light’, el fondo del problema es que a Germán Cardona le ha tocado y le va a tocar seguir lidiando el potro más bravo de esta administración. Los logros del presidente Uribe en Seguridad Democrática son indiscutibles, pero falló de manera grave en el campo de la infraestructura. El gobierno de Santos, con la posible excepción de una que otra vía terciaria, recibió una infraestructura física en peor estado que en 2002.

La actual administración puede tener la certeza —si no apoya al ministro Cardona en encontrarles soluciones a los gravísimos problemas de infraestructura y contratación pública— que no existe la menor posibilidad que se cumplan las ambiciosas metas señaladas en el Plan de Desarrollo. Y la parte más grave es que los problemas, como bien lo señala el editorial de El Tiempo del pasado 5 de abril, no son coyunturales sino estructurales. El creciente y preocupante poder político, económico, social (y aun militar) de los contratistas del Estado es el más grave reto que enfrenta el país. La corrupción en el sector no sólo desangra las arcas públicas, sino que corroe el tejido mismo de la sociedad.

Entre los principales cambios en los modelos de contratación que se requieren están:

— Modificar radicalmente el artículo de la ley de contratación que permite entregar como anticipo el 60% del contrato. (La vagabundería de los anticipos fue lo que le permitió sobrevivir por cerca de una década a los Nule).

— Prohibir el cobro de peaje con anterioridad a que la obra esté terminada. (Cuando la pusilanimidad del Estado le permite al contratista financiarse con los peajes, la rentabilidad se le eleva a niveles astronómicos).

— Evitar que sean los mismos contratistas quienes elaboren los pliegos, ya que ello fomenta incumplimiento y trampas, cuyo costo terminamos pagando los contribuyentes.

— Vigilar y evitar la complicidad entre los contratistas y los interventores para renegociar los términos de los contratos. De paso confirmar la prohibición de prorrogar las concesiones.

— Romper la cadena de la felicidad entre los financiadores de las campañas electorales y los funcionarios responsables de adjudicar obras públicas.

— Sólo adjudicar obras en niveles avanzados de diseño.

— Aumentar por lo menos al 6% del PIB la inversión en infraestructura de transporte.

El ministro Cardona trabaja en todos y cada uno de los cambios necesarios. Esperar resultados inmediatos no es realista, pero sin duda los va a haber.

 

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