Por: Cartas de los lectores

Las Farc

Farc significa: Feroz Atacando Rudamente a los Colombianos. Está ajustada la definición, porque no es otra cosa que eso, una máquina criminal hecha de odio, venganza y rencor.

Estos son los tres pilares de su doctrina de guerra, porque en lo político no tienen argumentos para decir que han hecho una revolución, sólo se han dedicado a fortalecerse como grupo ilegal, con objetivos netamente económicos, como cualquier caterva de delincuentes. Son el cartel más grande del narcotráfico. Son las terratenientes más poderosas a punta de despojos. Manejan como empresa la minería ilegal, el secuestro y la extorsión.

Se dan el lujo de tercerizar algunas actividades que, al visibilizarse, le causan daño a su pseudoimagen. Sólo se necesita voluntad política y decisión militar para que se produzcan resultados positivos en el control de estos delincuentes, pero de eso carecemos los colombianos, de ausencia de coordinación en la defensa del Estado.

No es entendible que las Fuerzas Armadas sólo hayan tenido información para una sola operación; esto no es digerible inteligiblemente, pues recientemente dejamos un período de éxitos militares y de un momento a otro todo se paraliza y se opta por el statu quo, dando ventaja a un enemigo furtivo que ha demostrado el aprovechamiento de los tiempos muertos del Estado para reorganizarse y robustecerse.

Hay que exigir eficacia en la defensa del Estado, pues es el fin último de la seguridad nacional y un principio superior que nos pertenece a todos. Se negocia en medio del conflicto, pero sin paralizar a la Fuerza Pública. Por el contrario, se debe consolidar que la única salida es la paz, porque si no el único destino es el aniquilamiento de las Farc por la fuerza legal del Estado.

Édgar Bejarano. Bogotá.

Voces de guerra

Ochenta pudieron ser los muertos, entre guerrilleros y algunos civiles, en la selva cercana a Guapi (Cauca), según lo escrito por Alfredo Molano en su columna del domingo anterior; después 10 en Antioquia… Y por cuenta de la guerrilla son casi 20 los soldados y policías muertos. Se escucharon las voces del procurador, que pedía incesantemente que no se detuvieran los bombardeos, y del doctor Uribe, que protestaba porque a las FF.AA. se las tenía con las manos atadas. Todos esos reclamos se hacían cuando se vivía una tregua de tranquilidad y la imagen de nuestro país en el exterior iba mejorando: incremento de turistas en Cartagena y Bogotá. Hechos los bombardeos y los atentados, el procurador pronuncia discursos ambiguos y el doctor Uribe, siempre con su expresión piadosa, se lamenta por “otras cuatro familias de policías enlutadas”. ¿Y los diálogos de paz en La Habana?... El presidente dice cualquier cosa desde el exterior. La población, informada por los noticieros, indignada. De nuevo en el limbo de la incertidumbre.
Donaldo Mendoza. Popayán. 

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