Por: Mario Fernando Prado

Las Farc vuelven a mentir

¿Hasta cuándo no se convencen los colombianos, los derechos humanos y las ONG internacionales de que las Farc, además de terroristas, narcotraficantes, secuestradoras y asesinas, son esencialmente mentirosas?

Lo del episodio de la niña Nohora Valentina es una nueva demostración de su política de engaño. Juraron no tenerla. No tener nada que ver con este plagio y miren lo que pasó: que a Nohora Valentina la tenían “guardada”, de acuerdo con lo asegurado por el Ministerio de Defensa.

¿Entonces a quién creerle? ¿Al Estado, que debe estar muy bien informado y no va a soltar una aseveración de este calibre, o a un grupo que ha hecho de la mentira una constante durante más de 40 años?

Las Farc dicen una cosa y hacen otra. Juran que no, pero sí. ¿Es posible entonces negociar con gente que no hace mas que ‘cañar con par jotas’? ¿Es posible pensar en un diálogo con un interlocutor que miente y engaña?

Sin embargo, son muchos los que aún creen que hay buena fe y buenas intenciones cuando mandan mensajes de reconciliación y de búsqueda de la paz.

Ingenuos todos: aquí lo que hay es un grupo terrorista —repito— que está muy lejos de creer en otra cosa distinta a la toma del poder a sangre y fuego. Lo demás son distractores y querer ganar tiempo para reagruparse y tomar un nuevo aliento.

¿Qué opinarán quienes desde el Gobierno están pensando en tender manos y volver —otra vez— con el tema de encontrar soluciones negociadas?

¿Será que luego de esta nueva desenmascarada van a seguir creyendo en quienes mienten y vuelven a mentir?

Mucho ojo con dar nuevamente más pasos en falso y caer en las trampas de siempre. El Gobierno no puede dejarse manosear y eso lo tiene claro el ministro de Defensa, que menos mal pertenece a esa estirpe que no se deja envolver y, por el contrario, tiene claro que con mentirosos uno no se sienta a hablar y mucho menos a negociar.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

¿Más de lo mismo?

“Martillo”, íntegro e integral

Buenaventura a la deriva

El papel de Angelino

Una agroindustria en peligro