Por: Catalina Ruiz-Navarro

Las feministas queremos igualdad

En los meses que precedieron a la IV Conferencia Mundial Sobre la Mujer en Pekín, en 1995, las feministas latinoamericanas tuvieron una acalorada discusión sobre si debía usarse la palabra “igualdad” o la palabra “equidad”. Parece una discusión semántica menor, pero en realidad era una discusión filosófica sobre los fundamentos del feminismo latinoamericano. Según la feminista costarricense Alda Facio, jurista, escritora, docente y experta internacional en género y derechos humanos referente en Latinoamérica, y una de las fundadoras del Caucus de Mujeres por una Justicia de Género en la Corte Penal Internacional, “el derecho humano a la igualdad siempre va aparejado al de no discriminación” y esto permite que podamos “medir o evaluar objetivamente cuándo hay igualdad, porque según la teoría de los derechos humanos solo habrá igualdad si no hay discriminación, ni directa, ni indirecta contra ninguna mujer”. Dice Facio que con la equidad no sucede lo mismo porque “la equidad no está aparejada a la no discriminación, de manera que según cada quien entienda lo que es justo para las mujeres así será la equidad que se les brinde”.

Facio da el siguiente ejemplo: “Todas estamos de acuerdo en Que solo las mujeres hagan el trabajo doméstico no remunerado. Sin embargo si lo vemos como un problema de equidad, bastaría con proponer que se les pagara un salario para solucionar esta injusticia. El problema es que esta acción, que sería ‘equitativa’, no toma en cuenta el hecho de que las mujeres sean las encargadas de hacer todo el trabajo doméstico produce discriminación no solo porque no se les remunera por hacerlo, sino porque el hacerlo tiene el efecto de que tengan menos tiempo libre para hacer otras cosas, están en una relación de subordinación con sus parejas que no hacen el trabajo doméstico y por más salario que reciban por hacer el trabajo doméstico este no tiene posibilidades de ascenso u otras compensaciones que tienen los otros trabajos. Mientras que si tomamos el camino de la igualdad sabremos que lo que hay que hacer es que hombres y mujeres se repartan el trabajo doméstico corresponsablemente, de tal manera que ninguno de los dos quede con una carga mayor de trabajo, porque esto produce discriminación. Vemos así que la equidad no exige eliminar otros aspectos que redundan en discriminación, mientras que el camino de la igualdad exige que se eliminen todos los aspectos relacionados con el tema que puedan producir discriminación”.

La equidad solo se refiere a que haya tratamiento idéntico entre hombres y mujeres, mientras que la igualdad implica una exigencia por un trato idéntico, por ejemplo “idénticas oportunidades que las que tienen los hombres para ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión”, pero también implica un trato diferenciado, como las cuotas o medidas afirmativas o las medidas integrales de reparación. Dice Facio que “uno de los principios fundamentales del derecho constitucional y de la teoría de derechos humanos es que es discriminatorio tratar a diferentes como si fueran idénticos y, por ende, el principio de igualdad exige que el derecho y las políticas públicas no traten a hombres y mujeres como si fueran idénticos”. Hablar de igualdad y no de equidad también es importante porque la igualdad trae obligaciones legales para los Estados, pues la igualdad es una obligación que no pueden dejar de cumplir y que está consignada en varios tratados internacionales como la Cedaw (Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer), mientras que la equidad no es un concepto que venga de los derechos humanos y no implica obligaciones legales.

Las palabras no existen en el vacío, tienen historias humanas e implicaciones políticas. Decimos feminismo y no humanismo porque, primero, el humanismo ya es algo (un movimiento intelectual renacentista) y, segundo, porque esta lucha por la igualdad la comenzamos, la seguimos y la llevamos en el cuerpo las mujeres y todas las personas que resultan discriminadas por el patriarcado. Al borrar las palabras para quitarles supuestos pesos negativos, también las dejamos inocuas, sin peso político, y eso no es lo que queremos las feministas. Las feministas queremos la igualdad, y la igualdad es compleja, difícil e incómoda, y no la alcanzaremos siendo “más estratégicas” y “más agradables” al poder patriarcal, porque lo único que nos hará agradables es dejar de luchar, y disolver nuestro compromiso político en una palabra blandengue que no significa nada, como “equidad”.

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2019-07-04T11:13:51-05:00

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2019-07-04T11:31:14-05:00

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