Por: Iván Mejía Álvarez

Las hojas blancas

Eso es lo lindo del fútbol, que da para todo tipo de interpretaciones, para que todos se sientan con la verdad  y expresen su punto de vista.

Al final de cuentas es como la política, donde la variedad de matices ayuda a encontrar un camino así algunos totalitarios piensen que sólo un punto de vista es válido y los que piensen diferente son “terroristas” o enemigos del Estado. Esta semana la polémica estuvo a cargo del calendario, de las “hojas blancas que siguen corriendo”, como dice El Gran Combo. En un caso porque es demasiado niño para jugar y en otro porque ya está muy viejito para volver a la actividad.

Julio César Baldivieso consideró que su hijo Mauricio reunía las condiciones suficientes para debutar en el balompié boliviano y le envió a la cancha con el Aurora de la primera división. El tema suscitó toda una tormenta, porque este debe ser el jugador más joven en la historia del fútbol profesional en todo el mundo. Es que 12 años es poco, el cuerpo todavía no se ha formado, la configuración morfológica es deficitaria, los huesitos no resisten mucho. Y más allá del tema físico están el mental y el psicológico. A los 12 años un chiquillo debe estar en la etapa lúdica, lejano a la alta competición, al negocio del fútbol. Es más, la ley internacional prohíbe el trabajo a esa edad.

Se entiende que los directivos del Aurora hayan despedido a Baldivieso por el despropósito de poner a su niño en un partido profesional.

En cambio, el regreso de Anthony de Ávila, a los 45 años, a la alta competición motiva más de una polémica y hay para todos los gustos. El primero es que si  a De Ávila, el América, el técnico y todos los que le observan entrenar lo ven activo, vital, con fútbol para jugar, nadie puede negarle al samario la posibilidad de actuar. Y parece, como dice el presidente del elenco rojo, Carlos Puentes, que el Pitufo lo hace mejor que muchos de los que por allí actúan pasados de kilos y paraditos en la cancha. Acá no hay tema de edad, sino de condiciones físicas, y el aspecto mental que es tan importante para poder triunfar.

Si América le da a De Ávila la posibilidad de retirarse, pero jugando, es otro tema diferente. Un aspecto es el mercadeo, saber cuántas personas llevará el samario al estadio, y otro es el futbolero, el de la necesidad de un jugador rendidor en ataque y que haga goles.

En lo que no hay polémica es que el reintegro de De Ávila al fútbol confirma el pobre momento del balompié colombiano, la ausencia de nuevos valores. Si a los 45  años De Ávila envía a las duchas a un montón de postulantes, no lo dude, el tema anda mal, muy mal, y eso no es culpa de él, pero es indicativo que en algo se está fallando.

 

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