Las horas contadas

Noticias destacadas de Opinión

Han pasado más de dos años desde el fallido intento de introducir un cargamento de ayuda humanitaria a Venezuela desde el territorio colombiano, en una operación que buscó marcar un punto de quiebre en la historia venezolana.

La operación, rodeada de amplia publicidad y precedida de un gran concierto en el puente Las Tienditas, generó enorme expectativa en ambos lados de la frontera. Del lado colombiano se anunció como una victoria del opositor Juan Guaidó y del Grupo de Lima. Del lado venezolano se vio como el anuncio de una intervención militar estadounidense para crear un enclave territorial en Táchira, donde Guaidó podría instalar su “gobierno interino”.

Todos sabemos cómo terminó la película. Fue una batalla inconclusa entre quienes trataban de abrirse paso hacia Venezuela y la barrera militar venezolana que les impedía el acceso. El saldo fue la pérdida de una parte de la carga por un incendio del cual se acusaron mutuamente los antichavistas que pugnaban por cruzar la frontera y los chavistas que frenaban la incursión.

En la ofensiva verbal que preparó el ambiente llevaron la voz cantante Donald Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, cuyas consignas fueron coreadas repetidamente por Iván Duque y los otros mandatarios del Grupo de Lima. “Las horas de Maduro están contadas”, fue uno de sus eslóganes. Otro fue la advertencia de que “todas las opciones” estaban sobre la mesa, con la implícita amenaza de una acción militar.

Aparte de que cualquier persona con dos dedos de frente entiende que no se puede cambiar desde afuera lo que está bien amarrado adentro, el episodio del 23 de febrero de 2019 mostró que las cancillerías del Grupo de Lima se pifiaron de medio a medio en su evaluación de la situación venezolana. Su fracaso sentenció la muerte de esa iniciativa, que se selló hace poco con el retiro de Argentina.

En lo que respecta a Colombia, quedó claro que nuestro Gobierno carece de una política exterior que merezca su nombre. Contrasta esa carencia con la clara visión de nuestro papel en el mundo que tenían los gobiernos ilustrados del siglo pasado, comenzando por el de Alfonso López Pumarejo. Entonces los intereses nacionales estaban por encima de la política minúscula, y entre esos intereses sobresalía el de tener buenas relaciones con los vecinos, el más importante de los cuales siempre fue Venezuela.

Entre los dos países que nacieron como uno solo ha habido desencuentros, conflictos y aun momentos de confrontación, pero también han abundado las expresiones de armonía, cooperación y amistad. La principal ocurrió el 5 de abril de 1941, que marcó el punto más alto de la relación con la firma del tratado de límites que puso fin a un diferendo de medio siglo. En esa ocasión el presidente Eduardo Santos, un civilista liberal y demócrata convencido, no tuvo inconveniente en darle la mano al general Eleázar López Contreras, formado en la dictadura de Juan Vicente Gómez, a quien sucedió tras su muerte, porque consideraba la relación con Venezuela un activo más importante que la personalidad del dictador vecino.

Más de 200 años de historia compartida y una cercanía que durará por toda la eternidad aconsejan que Colombia deje atrás el fundamentalismo de derecha que inspira al actual Gobierno y apoye el diálogo entre las partes enfrentadas en el vecino país, que líderes como el excandidato presidencial venezolano Eduardo Fernández consideran la mejor forma de resolver la crisis. Esto es tan obvio como el hecho de que las horas de Maduro ya no están contadas.

Comparte en redes: