"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 11 horas
Por: Ana María Cano Posada

Las infaltables

LA PRIMERA DE TODAS ELLAS FUE Viena Ruiz y el formato que abrió, también esa vez, lo inventó Yamid Amat. De esto hace más de diez años, en una sección para hacer comentarios picantes sobre la actualidad.

El principio era claro como necesidad: dentro de un noticiero de televisión había que desprenderse de la información dura para incursionar en la interpretación y en la opinión, para cambiar el ritmo. Con un buen guión de notas diversas adobadas con pique, del que Amat es experto, airearon el menú. Abarcaban otro tono e intención.

Cada vez más se multiplicaron en los noticieros estos insertos de diversificación temática y se volvieron obligados como el comodín donde todo cabe, desde cantidades ingentes de farándula que apuntalan a los canales privados en la promoción de su producción, hasta patrocinios que hacen indistinguible la información de la publicidad.

Derivó este paréntesis de los informativos, por indefinición de su búsqueda noticiosa, en una vitrina para ablandar la dureza de las noticias de asesinatos y corrupción, habitada con caras simpáticas, vestimentas y piernas de improvisadas presentadoras que llenan de adornos los vacíos de sustancia. El contenido de lo que cuentan está hecho de retazos y sobras: la imagen de cualquier personaje desconocido, un lugar de Colombia que despachan en menos de 40 segundos, ocurrencias que no tienen interés pero que sacan del paso a la producción. El entretenimiento es distracción, extensión del tiempo y utilidad del canal al volverse noticia.

Aparte de las secciones de farándula ha llegado a instalarse en el formato de noticiero colombiano otro hábito que se ha vuelto manía. Atribuye a la política y a los medios la fogosidad del pellizco en notas breves exhibidas con intención, a las que les añaden un histrionismo inexperto, una desatinada actuación marcada a la periodista para acompañar confidenciales y opiniones. El hábito surgió después de haber logrado Claudia Hoyos un clima conversacional. Ella fue otro hallazgo de Yamid Amat en su CM&, una caracterización construida con gestos propios, que califica los hechos que comenta.

Pero tras ella han seguido otras imitaciones que son patéticas incursiones en la actuación, en el énfasis, en el deje burlón, en la coloquialidad y suenan ficticias, armadas, exageradas. Estas periodistas actrices al asumir un tono ajeno, irónico, caricaturesco, mientras gesticulan con su mirada, boca y manos sin concordancia, repelen audiencia, pierden credibilidad. Ni el libreto ni la marcación de los gestos ayudan a que Vicky Dávila o Darcy Queen logren un carácter, una convincente asimilación y propiedad sobre lo que tratan. Están prestadas en aquel papel que las saca del set donde leen noticias. Se desperdicia además el espacio a la interpretación que daría dimensión a la información.

Por contraste, Dora Glottman, comentarista de noticias internacionales en noticias Caracol, tiene todo el empaque de quien domina la materia y puede valorarla con la expresión que corresponde. Y permite al televidente la comprensión de lo que cuenta.

Han deformado en magazine lo que debería ser espacio de análisis. En estas secciones de entretenimiento, legiones de presentadoras idénticas intentan distinguirse en una fila india de clones. Es un invento que ha ido posesionándose de la franja informativa a falta de identidad, con la infaltable liviandad en la cual el conocimiento está excluido.

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