Por: Javier Moreno

Las lecturas infinitas

A veces me parece que la red, con su oferta inagotable de métodos de socialización automatizados, propicia la soledad. Por eso me gusta encontrar proyectos que demuestren que tal vez estoy equivocado. Alternativas saludables al triste intercambio de galletas de la fortuna en Facebook.

Entre mis favoritas en lo que va de este año está el Verano infinito: una convocatoria abierta para leer y comentar, entre el 21 de junio y el 22 de septiembre, las mil y tantas páginas que componen La broma infinita, de David Foster Wallace, esa novela inmensa y agridulce sobre adicciones, gramática, incomunicación y tenis —soy burdo, lo sé— que desde su publicación en 1996 clamaba a gritos por un grupo de apoyo de lectura a escala global que contrarrestara su fama mal ganada de ser uno de esos libros odiosos que muchos empiezan pero muy pocos terminan.

Desde luego, las convocatorias de lectura colectiva en línea no son algo nuevo: en 2006, luego de publicar su novela Contra el día, el escritor Thomas Pynchon montó un sitio wiki para sus lectores. Esta página creció y creció hasta convertirse en un acompañante natural del libro mismo. Una especie de expansión del texto en constante evolución compuesta por la suma —potencialmente inagotable— de sus lecturas.

Verano infinito surgió a principios de junio y hoy cuenta con cerca de tres mil lectores activos y en marcha que conversan en foros o reportan su avance en sus propios blogs o se limitan a cumplir con las 75 (parecen pocas, pero no lo son) páginas semanales. Aunque la convocatoria fue en inglés, ha tenido buena respuesta en el mundo hispanohablante. En Chile, por ejemplo, los escritores Diego Zúñiga y Álvaro Díaz llevan un cuidadoso diario de progreso. En España, por su parte, el reconocido blog El Lamento de Portnoy le ha dedicado una sección especial.

Quedan invitados a participar.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Javier Moreno