Por: Javier Ortiz

Las llagas del uribismo

Hubo un tiempo, entre la edad media y el siglo XVIII, en que el mundo creyó apasionadamente que los reyes de las monarquías de Francia e Inglaterra tenían el don celestial de curar con sus manos.

Hombres y mujeres, con sus escrófulas supurantes, formadas por la inflamación de los ganglios linfáticos a causa de la tuberculosis, acudían de todas las regiones de Europa a las ceremonias de “toque real” para ser sanados por la gracia táctil de los reyes.

El poder del monarca bajaba del mismo cielo y la capacidad taumatúrgica del rey era un símbolo político que reafirmaba su derecho natural y divino a gobernar. Álvaro Uribe Vélez no bajó de los cielos a refundar la patria —a lo sumo bajó subido en una mula de las montañas de Jericó, Antioquia—, pero es imposible desconocer el halo místico y mesiánico de sanador de los problemas de la nación con el que ha sido ungido por todos sus partidarios.

Uribe, sin embargo, parece un taumaturgo a la inversa. A diferencia de los reyes europeos, a quienes se les atribuía el poder de liberar a sus vasallos de las desagradables laceraciones con un simple toque, los funcionarios que estuvieron al alcance de su mano terminaron con la reputación atiborrada de llagas. No vinieron al gobierno de Uribe en busca de la sanación del supremo, todo lo contrario. Varios llegaron alumbrando el camino con la luz de sus brillantes hojas de vida, pero acabaron acusados, desprestigiados y prófugos de la justicia.

Hoy, como aquellos leprosos menesterosos de antaño, obligados a andar por los caminos con una campanilla que anunciara al resto de transeúntes su vergonzante enfermedad, varios funcionarios del expresidente se mueven por algún lugar del mundo, exhibiendo las úlceras de la deshonra política. Entre tanto, acá en el país, Uribe sigue manejando a su antojo a una gran cantidad de seguidores, que han demostrado estar a prueba de cualquier incoherencia política de su máximo líder.

Hace unos días, María del Pilar Hurtado regresó con sus llagas a Colombia para entregarse a la justicia. Según su mismo exjefe, Hurtado “ha sido una funcionaria proba” que cuando entró a dirigir el DAS venía precedida de una excelente reputación. Lo cierto es que una vez quedó en manos de Uribe como directora de esa institución, acabó acusada y huyendo del país con la responsabilidad de haber ordenado espiar a una cantidad de personas a las que su jefe consideraba enemigas del gobierno. Todos están a la espera. Quizá las confesiones de María del Pilar acaben llenando de pústulas también a su antiguo jefe.

Se ha dicho que las reformas políticas en Inglaterra, el movimiento de la Ilustración y los vertiginosos cambios que introdujo la Revolución Francesa, dieron al traste con la creencia en los poderes taumatúrgicos de los reyes. La gente dejó de creer. Qué deberá ocurrir en Colombia para que un significativo número de su población deje de aferrarse a un proyecto de nación tan cuestionado. Seguirán algunos dirigentes amparados por un líder que los devuelve a la vida pública cundidos de estigmas. Quizá este país está lleno de gente que, como el perro fiel, se lame las llagas acostado a los pies de su amo.

 

@JavierOrtizCass

 

 

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