Por: Cartas de los lectores

Las modas en el medio ambiente

Es muy importante la buena labor que El Espectador viene haciendo a favor del ambiente y el desarrollo sostenible. Mi insistencia es para que no se entienda que desarrollo sostenible es que todo el mundo quede medio contento y evitar y resolver conflictos, recomponer situaciones puntuales y apagar incendios.

El asunto es bastante serio y del manejo acertado que se le dé depende el futuro del país. La naturaleza tiene mecanismos y leyes que se cumplen inexorablemente y toda aproximación superficial y desconocedora de esta realidad altamente compleja puede producir estropicios. El grado de intervención de la naturaleza a que hemos llegado en el país exige controlar, restaurar los ecosistemas y reorientar el modelo de desarrollo, pues como se maneja ahora es insostenible, con costos sociales y ambientales altísimos. El caso de la minería que destruye todo a su paso y contamina silenciosamente a largo plazo es una muestra de esto. El mercurio depositado en corrientes de agua y ecosistemas llegará finalmente a nuestros organismos. Se nos olvidó Minamata y todo lo que hicimos con éxito en los años setenta en el Inderena para controlar los vertimientos de este metal en la bahía de Cartagena.

El caso de los páramos y los humedales es una muestra de que ahora se desconoce la historia ambiental del Inderena y se pretende tener aproximaciones a la moda para intervenir sin incomodar a nadie; esto no es posible, es ridículo. Por supuesto es necesario reconocer la realidad social, económica y los “derechos adquiridos” y encontrar soluciones viables que respeten el equilibrio ecosistémico; de eso se hizo mucho. Ahora es necesario actuar con prontitud y sabiduría para “atajar” el desastre a que hemos llegado.

Y lo que viene es más difícil; seguimos empeñados en formas anacrónicas de desarrollo cuando los países desarrollados están virando hacía otras formas más amigables con el ambiente. Y dónde están nuestros estrategas del desarrollo que se empeñaron en impulsar la minería y los combustibles fósiles como motor del desarrollo cuando era previsible que su tiempo había llegado. Y dónde siguen nuestros estrategas que no han previsto alternativas y medidas urgentes para dar un giro a las decisiones macroeconómicas frente a los nuevos escenarios internacionales en que estamos comprometidos para la reunión de París sobre el cambio climático, que afectarán a la baja los precios de los combustibles fósiles. Y a quién se le ocurre cambiar hidroeléctricas por carreteras para vehículos de combustión y otros gastos de caja menor.

Pablo Leyva. Bogotá.

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