Por: Catalina Uribe

Las mujeres adorno de Nairo y Urán

En medio de la emoción y el alboroto que ha causado el merecido triunfo de nuestros ciclistas colombianos, me llamó la atención uno de los “trofeos” que obtienen cuando llegan al podio: dos mujeres que les besan las mejillas y sonríen para las cámaras.

Estas mujeres adorno, o “anfitrionas”, como las llaman oficialmente, son, por lo general, modelos de profesión que se postulan cada año para ejercer esta función tanto en el Giro de Italia como en otras importantes competencias de ciclismo.

Durante los últimos días, medios de comunicación de todo el mundo, incluidos los colombianos, tuvieron en algún momento en sus portadas la foto de alguno de los ciclistas con sus mujeres adorno dándole un beso a cada mejilla. Según las reglas, la mujer no puede hablar ni interactuar con el ciclista. Con todo y esto, el año pasado fue noticia que el ciclista eslovaco Peter Sagan tuvo que pedir disculpas por cogerle el trasero a una de ellas.

¿Por qué siguen estando estas mujeres en el podio? ¿Por qué no causa esto algo de indignación o al menos algún tipo de reflexión en los medios de comunicación? Hace un tiempo causó revuelo una foto que apareció en la revista Hola, en donde posaban mujeres de la familia Zarzur de Cali con dos empleadas negras sosteniendo bandejas en sus manos. La idea de poner a dos personas como objeto de decoración en una foto causó fuerte indignación en el país. En ese entonces se dijo que el hecho de que las Zarzur no hubieran reparado en la foto reflejaba la cultura racista que Colombia todavía no ha superado.

¿Qué significa entonces que no tengamos ningún reparo con las mujeres adorno? ¿No se trata, acaso, de un retrato incómodamente semejante? Quizá no notamos lo condenable de la foto, porque el machismo es tan dominante en nuestra cultura que no lo vemos a menos que se exprese en una golpiza. Mientras tanto, en muchas regiones del país se les enseña a las mujeres a servir, sonreír y, en general, complacer.

 

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