Por: Columnista invitado

Las mujeres con trabajos informales heredaron el oficio de sus madres

Por Mayda Alejandra Calderón Díaz *

Al hablar de los oficios de trabajo de mujeres se encuentran posturas acerca de las tareas que las mujeres desempeñan en la sociedad. Así lo dijo Sonia Parella en el 2000: las mujeres trabajadoras se sitúan en aquellas actividades más precarizadas, menos remuneradas y menos valoradas socialmente. Situación no ajena a Colombia, dado que, de acuerdo con cifras del Departamento Nacional de Estadística (DANE), el número de mujeres ocupadas en trabajos formales es inferior al de los hombres. Realidad similar en las 23 ciudades y áreas metropolitanas del país.

Al comparar el fenómeno de la informalidad entre hombres y mujeres en Colombia, las cifras del DANE muestran que la tendencia entre los años 2007 y 2018 ha sido que las mujeres se ocupen en su mayoría en oficios informales. En el año 2014, la relación fue ocupación formal del 47,8 % y 52,16 % informal. En el año 2017, aumentó la ocupación femenina en el mercado laboral formal en 2,25 %. Sin embargo, la situación para los hombres es diferente. Las cifras muestran que la mayoría de los hombres están ocupados en trabajos formales, situación evidenciada desde el año 2011, cuando la ocupación formal masculina se aceleró. Es decir, la diferencia en el número de hombres ocupados en el año 2017 es de 417.000 hombres, lo que quiere decir que el 53 % están ocupados en oficios formales y 47 % en informales.

Esto se debe a que las mujeres históricamente se desempeñan en actividades del cuidado y del hogar. Así como lo supuso Barquet en 1991, las tareas del hogar son oficios derivados de la creencia de que muchas actividades se atribuyen como naturales a las mujeres y por lo tanto genera que estas decidan realizar labores informales. Labores sin prestaciones de ley, ni seguridad ocupacional, en su mayoría sin requerir el cumplimiento de horarios ni lugares fijos, lo que imposibilita la tributación y por lo tanto la formalización de labores.

Partiendo de este fundamento teórico y con las cifras alarmantes presentadas por el DANE, se adelantó en Bogotá una investigación doctoral llamada “Mujeres y trabajo informal en la ciudad de Bogotá: una aproximación experimental”, realizada por Mayda Calderón. En este estudio se contó con la participación de 500 mujeres con trabajos formales e informales (entre los cuales se encontraban trabajadoras sexuales, vendedoras ambulantes, empleadas domésticas, etc.). En él se encontraron datos aún más alarmantes. La mayoría de las participantes afirmaron que desempeñan el mismo trabajo que tienen o tenían sus madres y que no quieren que sus hijos repitan su historia. A partir de esto surge una pregunta: ¿por qué los trabajos informales se convierten en oficios heredados? Las historias de vida de las participantes de este estudio concuerdan en que no tuvieron la educación formal suficiente. Es entonces donde el argumento de la educación superior coge fuerza para sostener que el fenómeno de la informalidad se debe a la falta de capacitación. Es decir, los trabajos informales están marcados por un origen social casi innegable. Así lo explicó Becker en 1983, cuando afirmó que la educación es el principal productor de capital humano en las sociedades contemporáneas. Este depende del desarrollo de un tipo de racionalidad individual en donde se ve a la educación como una inversión que se espera que tenga unos rendimientos económicos en el futuro. En los niños esto depende en gran medida del contexto familiar y de la importancia que le den sus padres a la educación y el tiempo que estos le dediquen.

Esto ayuda a ilustrar la situación actual de las mujeres en Bogotá, que realizan trabajos informales. Como se ha mencionado anteriormente, este capital humano no se encuentra capacitado formalmente, dado que solo el 5 % de las participantes de este estudio ingresaron a la universidad y no culminaron sus estudios. Por lo tanto, no se evidencian inversiones en educación en las mujeres con trabajos informales en la ciudad de Bogotá. La pregunta ahora es: ¿las inversiones actuales en educación son suficientes para que los hijos de mujeres con trabajos informales no repitan la historia de sus madres? Esperemos que esta generación de niñas tenga acceso a la educación superior y se conviertan en profesionales que contribuyan al crecimiento del país y no terminen realizando trabajos precarizados, como sus madres y abuelas.

* Investigadora visitante Middlesex University London, Londres, Reino Unido. Candidata a doctora en ciencias económicas, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia. Magíster en administración, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia. Economista, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia. Correo electrónico: [email protected]. https://orcid.org/0000-0001-6591-7184.

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2019-07-07T00:00:43-05:00

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2019-07-07T00:15:01-05:00

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