A las mujeres refugiadas

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En este día en que varios países del mundo celebran el día de la Madre es importante recordar a las madres refugiadas, a las que cruzan mares, cielos y tierras y hacen lo que sea para proteger la vida de sus hijos. En medio de las dificultades de un desplazamiento forzado no renuncian a dar afecto y cariño a sus niños ni mantenerlos en sus brazos.

Según la ACNUR, en el mundo actual, se registra un índice de desplazamiento sin precedentes: En los últimos 3 años,  70,8 millones de personas fueron obligadas a dejar sus hogares. A cada dos segundos una persona se ve forzada a salir de su hogar para proteger su vida sea por conflicto, persecución   o violación de los derechos humanos.  

Aproximadamente 25,9 de ellos son refugiados, más de la mitad menores de 18 años.  Las mujeres y las niñas representan aproximadamente 50% de la población refugiada, desplazada internamente o apátrida.

Dos tercios de los refugiados provienen de 5 países: Siria, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar y Somalia, muchos de  ellos desplazados por la OTAN. La crisis en Venezuela provocó nuevos desplazamientos. La ACNUR  estima que, en los últimos años,  4 millones de venezolanos solicitaron refugio, más que cualquier otra nacionalidad. Lo más complejo es que la mayoría de los refugiados no son acogidos por países ricos, sino por naciones pobres, de renta media. Por lo tanto, la posibilidad de encontrar un hogar o un refugio en otro país es cada vez más escasa.

Sí bien los desplazados internos no han salido de su territorio en la búsqueda de seguridad, son llevados a huir dentro de su propio país y las causas de su desplazamiento pueden ser muy similares a la de los refugiados. Aunque en cualquier circunstancia deberían ser protegidos por su propio gobierno, infortunadamente, en muchos casos las acciones del gobierno son la razón de su huida dentro de su propia tierra. De algún modo, esto las convierte en las personas más vulnerables del mundo.

En este triste escenario, hay que incluir los apátridas. A millones de personas en el mundo les son negadas una nacionalidad, al no tener condiciones jurídicas de comprobar de dónde vino, en donde nació, no pierde solamente el derecho de demostrar su origen, se les quita la posibilidad de acceder a derechos básicos como educación, atención médica, empleo y libertad de movimiento, prácticamente dejan de existir. Se vuelven invisibles.

Cotidianamente, en distintas partes del mundo, las mujeres y niñas enfrentan discriminación y violencia solamente por su género. Una tarea diaria como buscar agua o utilizar el baño puede atentar contra su vida, o transformarse una oportunidad para una violación o abuso. Sin sombra de dudas, en sus travesías, durante el desplazamiento externo o interno , estos riesgos aumentan.

En este día de la Madre recordar el bellísimo poema Vietnam  de la escritora polonesa Wislawa Szymborska  hace entender la dimensión del amor de una mamá por sus hijos, aunque sea en las condiciones más adversas.

“Mujer, ¿cómo te llamas? —No sé.

¿Cuándo naciste, de dónde eres? —No sé.

¿Por qué cavaste esta madriguera? —No sé.

¿Desde cuándo te escondes? —No sé.

¿Por qué me mordiste el dedo anular? —No sé.

¿Sabes que no te vamos a hacer nada? —No sé.

¿A favor de quién estás? —No sé.

Estamos en guerra, tienes que elegir. —No sé.

¿Existe todavía tu aldea? —No sé.

¿Estos son tus hijos? —Sí.”

A las mujeres refugiadas, desplazadas o invisibilizadas la más profunda admiración y solidaridad. Después de tanto dolor muchas de ellas nos legan sus ganas de vivir, logran cambiar su historia y la de los seres que aman.

Ojalá, después de la Pandemia provocada por el COVID 19  no volvamos a esta normalidad.

*Profesora Universidad Externado de Colombia

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