Por: Catalina Ruiz-Navarro

Las mujeres son las garantes de la paz

En 1995, en la Cuarta Conferencia Mundial de Naciones Unidas sobre las mujeres, celebrada en Beijing, hubo grandes discusiones sobre el papel de las mujeres en la construcción de la paz. Esto llevó a que en el año 2000 se firmara la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Mujeres, Paz y Seguridad. La resolución reconoce que los civiles, especialmente las mujeres y los niños, son los más afectados por el conflicto y que esto constituye una amenaza para la paz y la seguridad. La resolución incluye llamadas a la participación de las mujeres en las iniciativas de prevención y resolución de conflictos; la integración de las perspectivas de género en las misiones de consolidación y mantenimiento de la paz, y la protección de las mujeres en las regiones del conflicto armado. Gracias a la Resolución 1325, mujeres de todo el mundo se han movilizado para que sea reconocido el importante papel que las mujeres desempeñan en la consolidación de la paz. La resolución también señala la importancia de incorporar una perspectiva de género para la consolidación de la paz, es decir, que haya perspectiva de género en una evaluación diferenciada sobre el impacto del conflicto en mujeres y niñas, el proceso de legislación, y la construcción de política pública. Según la resolución, la perspectiva de género debe estar también en la implementación, el monitoreo y la evaluación de políticas y programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales para que mujeres y hombres y todos los sectores afectados se beneficien de forma justa y equitativa del fin del conflicto.

En un ensayo de 2005 de Lisa Schirch y Marika Sewak, titulado “The Role of Women and Peace Building” (“El rol de las mujeres en la construcción de paz”), se establecen siete razones por las cuales incluir las mujeres en los procesos de paz: (i) porque las mujeres son la mitad de la población, (ii) porque las mujeres son quienes se ocupan de la mayor parte de los trabajos de cuidado que son centrales para la conservación de la vida, (iii) porque las mujeres tienen capacidad para la violencia y capacidad para la construcción de paz y la segunda debe ser alentada de forma activa, (iv) porque las mujeres han sido excluidas históricamente de los procesos de toma de decisiones, liderazgo, oportunidades educativas, (v) porque mujeres y hombres tenemos diferentes experiencias de lo que llamamos violencia y lo que llamamos paz, esto significa que las ideas y los aprendizajes de las mujeres sobre la construcción de paz son particulares a su situación específica, y por eso ha sido muy efectiva en las estrategias para construcción y sostenibilidad de la paz, (vi) porque el sexismo, el racismo, el clasismo y la discriminación por motivos de religión o etnia son jerarquías sociales violentas que tienen un origen común, y analizar cómo estos juegos de poder funcionan es una de las especialidades de los feminismos, y (vii) porque las mujeres han probado de sobra su eficiencia en los procesos de construcción de paz exitosos. Según Valerie M. Hudson, en “The Heart of the Matter: The Security of Women and the Security of States” (“El corazón del asunto: la seguridad de las mujeres y la seguridad de los Estados”, 2009), cuando las mujeres son incluidas en los procesos de negociación hay un 64 % más de probabilidades de que el proceso sea exitoso, y según Marry Caprioli, en “Primed for Violence: The Role of Gender Inequality in Predicting Internal Conflict” (“Preparadas para la violencia: el papel de la desigualdad de género en la predicción de conflictos internos”, 2005), la inclusión de las mujeres garantiza una sostenibilidad del acuerdo de al menos 15 años más.

El Acuerdo de Paz colombiano, incluso a pesar de los ataques a la perspectiva de género que llegaron con la victoria del No en el plebiscito, es el acuerdo de paz con mayor enfoque de perspectiva de género en la historia de la humanidad y, además, es una perspectiva integrada de forma transversal. Esto es gracias al movimiento de mujeres en Colombia, que desde mucho antes de que se soñara el acuerdo estaba trabajando en el territorio en construcción de paz. Las mujeres y las feministas en Colombia, con todas sus diferencias y diversidad, en lo que siempre han coincidido es en que la paz es la prioridad, la primera condición necesaria para garantizar la vida y el bienestar de las mujeres. Los grupos de mujeres y feministas que han trabajado en el territorio en procesos de memoria y reconciliación son nuestras mayores expertas en construcción de paz y, por lo tanto, sus más grandes guardianes y garantes, por eso su acceso a las tierras y a la justicia deben ser la prioridad para una paz duradera. Dos años luego de la firma del acuerdo debemos recordar y darles las gracias a todas esas mujeres que desde hace tanto están construyendo un mejor país desde las trincheras.

 

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