Por: Rafael Rivas

Las muletas prestadas de las Farc

LA PROTECCIÓN QUE VENEZUEla ofrece a las Farc genera indignación en Colombia.

Si Venezuela se limitara a evitar la entrada de la guerrilla a su territorio, ésta tendría que quedarse refugiada en selvas inhóspitas, y defenderse del acoso de las Fuerzas Armadas. Si, además, colaborara con Colombia en perseguirlos, lo cual haría en beneficio común, el fin de las Farc ocurriría más temprano que tarde. Por eso, los colombianos reaccionan con malestar justificado ante la actitud de Chávez.

Pero no es tan claro que la hospitalidad de Chávez sea una bendición inequívoca para la guerrilla. En primer lugar, al refugiarse en Venezuela, las Farc dejan de ser una fuerza independiente. Se convierten en peones en un juego geopolítico. Como tal, cumplen un papel, pero es un papel subordinado a la voluntad de una persona que tiene mucho más poder, es muy impredecible y no va a durar para siempre. En segundo lugar, los guerrilleros refugiados en Venezuela probablemente tienen un margen de acción mucho más reducido. Necesitan permiso de Venezuela para desplazarse y sus operaciones tienen que ser planeadas bajo la restricción de que no sea muy aparente la ayuda que reciben. Seguramente muchos pierden la costumbre y las ganas de combatir. Para los comandantes exiliados de las Farc, debe ser mucho más cómodo tomar whisky en sus chinchorros venezolanos que pensar en volver a las selvas colombianas.

En sus horas de ocio, los más perspicaces sin duda se dan cuenta de que, en sus haciendas y campamentos custodiados por soldados venezolanos, bajo la mirada permanente de sus anfitriones, se convierten en huéspedes en una jaula de oro. ¿Pueden las Farc estar seguras de que en Venezuela van a tener un refugio permanente? No. Nada es eterno. El chavismo tampoco. En algún momento habrá un gobierno venezolano que le otorgue más importancia a tener una buena relación con Colombia, que a mantener una carta geopolítica bajo la manga. Y Venezuela se dará cuenta del grave peligro de tolerar las actividades de narcotráfico de la guerrilla. Como aprendimos nosotros, y luego México, esa es una enfermedad que hay que enfrentar temprano. En ese momento, los huéspedes van a ser rehenes.

Mientras tanto, es muy probable que todo lo que hacen los guerrilleros en Venezuela sea cuidadosamente registrado por las autoridades venezolanas. Sus llamadas telefónicas, sus desplazamientos, sus negocios ilícitos. Aun en las operaciones de narcotráfico, necesariamente deben ser socios menores. De todo va quedando un prontuario, que va a ser usado en su contra.

Cuando las circunstancias cambien (como cambiaron, por ejemplo, para la Eta cuando cayó el franquismo y el gobierno francés cambió de política), las Farc podrían descubrir que, sin sus muletas prestadas, ya no pueden tenerse en pie.

Por eso, en medio de su indignación, Colombia no debe perder de vista que, además de los peligros que la protección venezolana a la guerrilla implica, también se presentan oportunidades y opciones. Quizás no hoy, pero en el futuro, cuando la política venezolana cambie, como necesariamente va a ocurrir.

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