Por: Augusto Trujillo Muñoz

Las músicas que somos

El Ibagué Festival es un nuevo espacio cultural para disfrutar expresiones sonoras interpretadas por talentos disímiles. Así lo dijo su director artístico, Alejandro Mantilla, para quien las músicas son una manera de ser y de vivir el mundo: “Lo que llamamos música es un crisol de invenciones y herencias… de influjos y de mezclas que asaltan, sin permiso, nuestra imaginación y cuya expresión sobrecoge el espíritu”.

Pero también es un proyecto de integración social, según su presidente, Mateo Vegalara: “La esencia del festival se ve en su logo, una simbiosis entre un precolombino pijao con notas musicales… que representan la tradición y la modernidad”. Se trata de celebrar la diversidad cultural del país y de apostar en favor de la oferta educativa y de los proyectos en los cuales la ciudad musical viene trabajando en las últimas décadas.

El Ibagué Festival fue abonado, desde su semilla, por Julia Salvi y la fundación que preside. Ambas, Julia y la fundación, tienen una historia de compromiso y de servicio con el sector musical en direcciones múltiples: sus trabajos no sólo estimulan el ánimo y alientan el espíritu, sino que fomentan la creatividad e invitan a abrir las puertas hacia la agregación de valor a la música. El festival, apunta Julia, está en condiciones de movilizar energías y transformarlas en un proceso generador de recursos formativos, didácticos, artísticos y económicos.

Suelo repetir que las mejores potencialidades del Tolima están en su activo espiritual. Las artes, las letras, el derecho, la política, han sido cultivadas con éxito, en la región, desde siempre. Ha sido tierra de maestros: el maestro Castilla, el maestro Bonilla, el maestro Echandía, para hablar de cumbres en las tres primeras disciplinas, y del viejo López o del Triunvirato de los años 60 en la actividad política. Hoy, las artes tienen en Darío Ortiz Robledo; las letras, en William Ospina; el derecho, en Alfonso Gómez Méndez, exponentes de excepción. La política descendió lamentablemente, pero, en cambio, la historia surgió con fuerza en autores como Gonzalo Sánchez, por ejemplo.

La música atraviesa todo lo largo, todo lo ancho y todo lo profundo del ser histórico y cultural del Tolima. Según lo expresé en mi columna anterior, creo que la Fundación Salvi descubrió en Ibagué un talento musical que no imaginaba. El Ibagué Festival tiene futuro y tiene doliente. Como lo tuvo la Semana Musical del maestro Alberto Castilla en los años 30; el Concurso Polifónico de Amina Melendro de Pulecio en los años 80, el Festival de la Música Colombiana de Doris Morera de Castro, que atesora 33 años de éxitos recordando a Garzón y Collazos en el talento de nuevos valores.

Ese es el ámbito espiritual de la identidad tolimense: el año se inicia con el concierto que ofrece en Bogotá la Fundación Musical, para luego realizar en Ibagué el Festival Nacional de Duetos y el Concurso de Composición Leonor Buenaventura. Doris suele recordar que el festival fue reconocido como patrimonio artístico de la nación. En el medio año el espacio es para celebraciones folclóricas en Ibagué, Natagaima, El Espinal, Mariquita, Honda, El Líbano, San Antonio, en fin, y para otros eventos culturales y artísticos que se realizan anualmente. Y el Ibagué Festival, al comenzar el segundo semestre, va a estimular la creación artística, la presencia de nuevos públicos y, como dice Julia, la de nuevas profesiones relacionadas con el mundo de los instrumentos y con el circuito internacional del sector de la música.

Ciertamente, en materia musical los tolimenses pueden darse un lujo que no resulta fácil para ninguna otra de las regiones de Colombia. No es gratuito que buena parte de los himnos de distintos municipios del Tolima sean tonadas folclóricas y no cantos marciales. Entre el nevado y el llano, su capital fortalece el corazón para mantener in crescendo la omnipresencia del pentagrama, y convertir las músicas que somos en factor de desarrollo económico e inclusión social. No existe una forma mejor de construir la convivencia, alimentar el espíritu y proyectar el desarrollo. Mateo lo sintetizó en forma brillante: ¡Ibagué es una nota!

@Inefable1

* Exsenador, profesor universitario.

878500

2019-08-30T00:00:20-05:00

column

2019-08-30T09:31:12-05:00

jrincon_1275

none

Las músicas que somos

22

4463

4485

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Augusto Trujillo Muñoz

Falacias y peligros

Al oído del señor presidente

La gobernanza de Bogotá

Ciudad musical

Complementariedad: un nuevo asalto