Por: Columnista invitado

Las niñas también son mujeres #EstoyContigo

Por: Alejandro Gamboa*, especial para El Espectador

Hoy 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, es otra fecha en la que hacemos visibles las problemáticas, brechas y desigualdades que surgen de la violencia de género. Según Forensis, de los 18.257 casos de presuntos delitos sexuales en Colombia, el 85%, es decir 15.524 niñas fueron abusadas sexualmente en 2016. Y es que las cifras son alarmantes, cada 33 minutos una niña es víctima de violencia sexual, son 43 niñas diariamente en nuestro país.

Pero por qué, si se conmemora un día contra la violencia hacia la mujer, las cifras hablan de niñas. Esto responde a que como sociedad olvidamos que las niñas también son mujeres y que adicionalmente, son sus derechos los que más se vulneran. La casa es el lugar más violento para ellas, pues los victimarios en su mayoría son hombres cercanos (padre, abuelo o amigos de la familia). Esto responde a un contexto machista y patriarcal que determinan los roles y estereotipos de género llevándolo a una actividad habitual donde se violenta a las mujeres. Este tipo de violencia atraviesa todo el ciclo vital de una mujer y empieza desde la niñez.

Los reportes del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ante el Consejo Distrital para la Atención Integral de Víctimas de Violencia Intrafamiliar y Explotación Sexual en el 2016, evidencian que se presentaron 2.297 denuncias por violencia sexual contra niñas, frente a 1.539 en el 2015, lo que significa un aumento del 49,25%, solo en Bogotá, sin embargo, es aún más alarmante que la imputación de cargos es tan sólo del 2 por ciento, es decir que, de 117.000 casos de violencia intrafamiliar, menos de 2.340 llegan a juicio, esto no significa que en todos los casos los agresores sean condenados.

Hay avances en las denuncias sobre violencia sexual, sin embargo, las voces de las niñas y los niños no son tenidas en cuenta, se desestima su palabra y muchos de estos casos quedan en la impunidad.  Solo el 20% de las mujeres víctimas de violencia sexual denuncia, los principales motivos para no denunciar son: creer que el daño no es significativo, que se puede resolver por cuenta propia, miedo, no se sabe a dónde acudir, no se quiere reportar la agresión, se siente vergüenza y no se cree en el sistema. Lo anterior se suma al silencio de las familias de las víctimas, en particular niñas y niños, por temas como vergüenza, necesidad de proteger al victimario, miedo a la retaliación y necesidad de mantener un estatus en una sociedad preponderantemente machista. 

Indignación y repudio producen estas cifras que revelan los casos de violencias y abusos sexuales hacía las niñas y mujeres de nuestro país ocupando páginas y páginas, pero no podemos olvidar que detrás de esos fríos números se encuentran las historias reales y dolorosas. Casos como el de Yuliana Samboní y Rosa Elvira Cely, despertaron un fuerte sentido de indignación y solidaridad que deberíamos extender a todas y cada una de las situaciones de abuso y violencia.  Estamos convencidos que las voces de ellas deben ser escuchadas. Debemos creer en sus palabras, no solo la famililla, también la sociedad y el sistema de justicia en representación del Estado. Por eso desde Fundación PLAN trabajamos a la promoción de los derechos de la niñez, a través de la implementación de proyectos para que las niñas y los niños aprendan, decidan, lideren y prosperen, aportando en su empoderamiento y así seguir avanzando hacia la eliminación de cualquier tipo de violencia de género.

Nuestro llamado al Estado colombiano es a unirnos en un cambio estructural, desde su rol de garante de derechos, establecer los mecanismos necesarios para garantizar el bienestar y protección de todas las niñas y mujeres, en todos los espacios tanto privados como públicos. Agilizar los trámites, mejorar la articulación de las rutas de atención, adelantar procesos de formación para concientizar a servidores que atienden estos casos, contar con un sistema único de información y lograr una respuesta judicial oportuna, son algunas de las acciones urgentes de implementar como medidas efectivas que permitan reducir drásticamente esas cifras.

Así mismo, es necesario generar cambios en las prácticas de crianza y culturales para que las mujeres y las niñas puedan decidir sobre sus vidas y sus cuerpos, acompañado del desarrollo de nuevas masculinidades donde no predomine la idea de la fuerza en la que prevalece la violencia.

* Presidente Ejecutivo, Fundación PLAN 

 

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