Las nuevas miradas sobre las independencias

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La tradición debe reinterpretarse, no sólo repetirse.

Al repetírsele, se le condena a ser una rememoración vacua, una necesidad formal despojada de contenido concreto, un acto vacío e inútil que no permite ni escudriñar el pasado ni establecer una continuidad con el presente. Más que la repetición, vivir una tradición significa interrogarla y reinterpretarla para actualizarla.

Por eso creo que el libro publicado por la Academia Colombiana de Historia Nuevas miradas sobre la historia de la Independencia de Colombia tiene mucho que enseñarnos en la coyuntura bicentenaria. El origen del trabajo, como lo menciona Fernán E. González, S. J., en la introducción, fue ir más allá de la conmemoración militar de la batalla de Boyacá para acercarse a los aspectos culturales y políticos de la Independencia, e integrar en el relato nacional a las diversas regiones del país que no estuvieron directamente vinculadas a la ruta libertadora.

Conmemorar el surgimiento de la nación y de la ciudadanía bajo el enfoque de la historia patriótica tradicional implica cerrarles la puerta a los indígenas, a los afrodescendientes, a los adolescentes y a las mujeres. Repetir la narración épica de personajes y hechos fabulosos no sólo impide entender las independencias con la ayuda de la economía, de la sociología o de las relaciones internacionales, sino que implica algo nefasto para la comprensión de nuestro pasado: entender que la disolución de los imperios y la creación de las nuevas naciones en América fueron protagonizadas por personas de carne y hueso, con una sorprendente capacidad para sobreponerse a los reveses y capaces de actos heroicos, pero también asaltadas por dudas, sentimientos mezquinos, afán de protagonismo e impulsadas en muchas ocasiones por conservar privilegios en una sociedad que abrazaba la modernidad política y al mismo tiempo la rechazaba. 

Nuevas miradas sobre la historia de la Independencia asumió el reto institucional e intelectual de conmemorar sin negar la complejidad y los problemas que conlleva enaltecer cualquier hito nacional, de incluir los avances de la historiografía reciente gracias a las contribuciones de expertos nacionales e internacionales, de haber reinterpretado la tradición independentista por medio de actividades culturales que, con el apoyo del Archivo Nacional de Colombia, incluyeron a los estudiantes y docentes de diversas regiones del país.

Los capítulos que tratan sobre las independencias en las provincias de Pasto, Cartagena, Santa Marta y la región de la costa del Pacífico sur merecen una mención particular. Ese conjunto de trabajos expande el horizonte temporal y espacial en el que se han estudiado las independencias y, al mismo tiempo, permite entender el punto de vista de los adversarios peninsulares y americanos del republicanismo. La posición de Pablo Morillo y Agustín Agualongo (quienes mantuvieron la fidelidad al rey y se opusieron a los “insurgentes” comandados por Bolívar, Santander y Mosquera) es una pieza indispensable para entender el mosaico que compuso nuestra primera identidad política. 

Estas nuevas miradas sobre las independencias no caen en una visión maniquea de la historia colombiana y demuestran que junto a las aspiraciones emancipadoras también surgió una desconfianza profunda frente a las pretensiones de cambio respaldadas por diversos grupos políticos y clanes familiares, un postulado necesario que restablece la complejidad del fenómeno independentista. Por eso recomiendo su lectura.

González González, Fernán, S.J.; López Domínguez, Luis Horacio; Pita Pico, Roger (Eds.). Nuevas miradas sobre la historia de la Independencia de Colombia. Bogotá. Academia Colombiana de Historia (con aportes del Ministerio de Educación). Vol. II, segunda edición, 2019. 

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