Por: José Salgar

Las palabrotas y los aeropuertos

En el trato que dan al público los empleados inferiores se reflejan los malos ejemplos que reciben de funcionarios que abusan de su superioridad para ser arrogantes o insolentes. ¿Qué puede sentir cualquier subsecretario venezolano al escuchar las palabrotas y rabietas que oye decir por televisión a su jefe máximo?

Los aeropuertos son propicios para los desafueros de los encargados de ejercer controles sobre los extranjeros. Después del golpe terrorista de las Torres Gemelas, se perdonan las restricciones para evitar atentados en los aviones. En los Estados Unidos por lo general se pide en forma seria pero amable a todo pasajero que se quite los zapatos o abra su maleta. Pero no faltan los gigantones, o gigantonas con cara de sheriff, que humillan a los asustados viajeros sospechosos. Casos se han visto de cancilleras llevadas a las que son cámaras de tortura en cualquier aeropuerto.

Para hacer más mecánicos esos controles, para este fin de año se han implantado nuevos sistemas norteamericanos, basados especialmente en las huellas digitales y el análisis de las firmas, que permiten al máximo combatir las falsificaciones en los pasaportes.

Otro problema en aeropuertos, especialmente en países de bajo desarrollo, es la escasez o mala preparación de los encargados de desatar los nudos que se forman a la llegada de varios aviones repletos de pasajeros, muchos de ellos con conexiones inmediatas a otras líneas. En Bogotá vimos el caso de un solo revisor de tiquetes para dejar salir las maletas, que estaba enloquecido frente a una multitud desesperada por su lentitud.

Después de sufrir o gozar enormes aeropuertos en otros países, se ve la insignificancia de El Dorado y la necesidad de que los proyectos correspondan al desarrollo de la ciudad en el siglo que está comenzando. Una débil ampliación sería una solución transitoria. Hay que seguir pensando en otra zona muy grande de la sabana de Bogotá, o en los Llanos con una superautopista. Recordar antecedentes como el de Venezuela, donde la dictadura militar de Pérez Jiménez hizo la que fue entonces solución de Maiquetía, que ahora le queda pequeña a Caracas.

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COLETILLA. Hay que elegir bien a los empleados de arriba, para que los de abajo aprendan a portarse mejor.

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