Por: Columna del lector

Las paradojas de la “excelencia educativa” en Colombia

El pasado 21 de marzo la ministra de Educación, Gina Parody, manifestó a través de medios radiales y escritos que Colombia adoptará el modelo de enseñanza de Singapur, basada en los óptimos resultados que este país ha alcanzado en las pruebas internacionales en matemáticas, lenguaje y ciencias.

Luego, mediante el Decreto 325 de 2015, convocó al día de la excelencia educativa “Día E”, el cual obliga a las comunidades de los colegios del país a diseñar planes de mejoramiento para que Colombia sea la “más educada” de la región en 2025.

Al respecto, vale señalar que Singapur destina el 20% de su presupuesto anual a educación, aproximadamente un 3% de su PIB. Luego de un nivel preescolar muy estructurado, los estudiantes cursan seis años de educación primaria, entre los 6 y 12 años. Posteriormente, les aplican un examen que los clasifica por niveles (avanzado, normal y técnico) para continuar estudios secundarios. Finalmente, en la educación possecundaria los estudiantes pueden acceder a una compleja oferta que va desde aquellas escuelas que preparan para su futura formación técnica y de oficios, hasta aquellas que buscan ubicarlos en las universidades más competitivas de los órdenes nacional e internacional.

Por su parte, a propósito del “Día E”, el cual se desarrolló el pasado 25 de marzo, la ministra explicó que, en adelante, se aplicará a cada colegio el Índice Sintético de Calidad Educativa (ISCE) a partir de cuatro variables: progreso, desempeño, eficiencia y ambiente escolar. La escala va de 1 a 10, por lo que estar por debajo de la media nacional puede resultar preocupante para cualquier rector o secretario de Educación. Dado que, al parecer, ya se hicieron las primeras mediciones, este mismo día la ministra alertó a algunos departamentos y municipios debido a sus bajos resultados. Destacó a Sucre (3,95), Magdalena (3,94), Bolívar (3,89), Ciénaga (3,81), Lorica (3,80) y Uribia (3,59).

Para ser los más educados, el Gobierno Nacional plantea dos caminos paradójicos. En relación con el primero, surgen preguntas claves. Además de otorgarle “incentivos” a los profesores y colegios con mejores resultados, según el ISCE, tal como lo prometió la ministra, ¿el Gobierno está dispuesto a invertir el 3% de su PIB en educación? Si un profesor en Singapur gana 35.000 euros anuales ¿El Gobierno aceptaría nivelar los salarios de los profesores? Si en Singapur ofrecen un complejo sistema de educación media para que el estudiante “decida” su propio plan conforme a sus expectativas, ¿El Gobierno aceptaría invertir en una educación media que realmente ofrezca opciones de movilidad social?

Por otro lado, no es necesario ser muy hábil para establecer correlaciones entre las regiones con los índices más bajos y su situación de pobreza y conflicto armado. A manera de ejemplo, según datos del DANE, el 51,5% de personas en Sucre son pobres, el 12,7% se encuentra en extrema pobreza y su coeficiente de Gini (índice que mide la desigualdad) es de 0,483. Otro ejemplo lo proporciona el departamento de Bolívar, el cual, según el informe “Basta ya” (GMH), ha sido uno de los más afectados en el período 1980-2012 por masacres, secuestros, homicidios, desapariciones y desplazamientos forzados.

Lo paradójico está en un gobierno que busca afanosamente el fin del conflicto armado para emprender una cultura de paz que empezaría por la educación. Sin embargo, por el otro lado, presume que educar es generar un sistema competitivo bajo la responsabilidad exclusiva de las comunidades educativas, dejando intactas las relaciones de poder estructurales.

 

 

JUAN CARLOS AMADOR

 

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