Carlos Fernando Galán presenta sus propuestas a la Alcadía de Bogotá

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Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Las paradojas y la paz

Gongsun Long (320-250 a.n.e.) fue un notable bianshi, es decir, un erudito en disputas filosóficas, que todavía hoy suscita controversias. Muy célebre es su paradoja según la cual un caballo blanco no es un caballo. Su argumento se desarrolla, sintéticamente, en este orden de ideas: si uno sale a buscar un caballo y se encuentra con uno negro y uno marrón, podrá tomar a cualquiera. Pero si lo que busca es un caballo blanco, el resultado habrá sido un encuentro fallido. Esto lleva al pensador a afirmar que un caballo blanco no es un caballo.

Al preguntársele cómo era posible esto, contestaba: “Porque la palabra caballo se refiere solamente a la forma del animal y la palabra blanco solamente al color”. Aparte de si nos encontramos frente a un sofista o no, la manera como habla nos sitúa frente a un polemista, algo tan de moda en estos días entre nosotros. Y al respecto, vale la pena citar a Baldomero Sanín Cano, quien señalaba: “La diferencia entre las dos capacidades [la del crítico y la del polemista] estriba en que el crítico busca la verdad desapasionadamente, y el polemista, en el mejor de los casos, está seguro de poseerla o de haberla encontrado, convicción que le impone el deber de defenderla… Polémica tiene su origen en una palabra griega equivalente a guerra. En guerra no se busca la verdad: se la defiende; y si se llega a probar durante la contienda que es un error lo que se tenía por verdadero, la obligación de defenderlo no cesa. El soldado (polemistés) no tiene derecho a razonar; su oficio excluye el ejercicio de la facultad deliberante”. (Escritos, 1977, pp. 231-232). Allí se encuentra la trampa.

Siguiendo esa línea será fácil enredarnos en cualquier cosa. Leonard Swidler, en la edición del Journal of Ecumenical Studies que acaba de salir, reflexiona sobre las reglas de oro, de plata y de platino. Las dos primeras son las más antiguas y datan de la Era Axial, como la denominara Jaspers; es decir, siglos VIII-II a.n.e. La de oro dice así: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. La de plata contiene este enunciado de manera negativa: “No les hagas a los otros lo que no quieres que te hagan a ti”. Y la de platino, reciente y originada en Karl Popper, reza de esta manera: “Trata a tu prójimo como él quiere ser tratado”.

La reflexión de Swidler se desarrolla sobre supuestos negativos que cuestionarían notablemente las reglas tal y como las hemos asimilado. En el caso del oro, ¿qué sucedería si yo me detesto o me quisiera suicidar? ¿Debo detestar o matar a mi prójimo? Si se tratara de la de plata, si soy masoquista y no deseo que los demás me traten con dulzura, ¿debo maltratar a los otros? Y lo último, en el caso del platino, si los demás quieren ser tratados como rufianes, ¿debo encadenarlos?

Estos dos ejemplos parecen reflejar la insensatez en la que se encuentra nuestra sociedad: nos esforzamos en retorcer las realidades para llegar a un punto al que nadie quisiera llegar y en vez de construir y fortalecer la paz, nos enredamos agregándole adjetivos y condicionantes a lo fundamental: la paz a secas.

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2019-09-12T00:00:27-05:00

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2019-09-12T00:15:01-05:00

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Las paradojas y la paz

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