Por: Cartas de los lectores

Las personas trans no queremos morir por un mal procedimiento en nuestros cuerpos

Es reconocido que las personas trans nos hemos enfrentado históricamente a una serie de barreras de acceso a los servicios de salud, que pueden ir desde la falta de cobertura por parte del sistema salud hasta la negación de los servicios, la exposición a diversas formas de violencia, el estigma y la discriminación. Sin embargo, esto no se puede leer como un fenómeno exclusivo de Colombia y su sistema de salud, sino como una evidencia de la imposición de la heterosexualidad obligatoria y lo cisgénero como la única opción legítima.

Para muchas personas trans, la clínica, el centro médico y todos los escenarios destinados a la salud son lugares donde no nos está permitido ser, es decir, son escenarios plagados de normas donde se imponen la masculinidad y la feminidad según el sexo asignado al nacer, un criterio genital que nos encierra en cajas de las que no podemos salir. A través de la arquitectura de los espacios de salud, la división de los exámenes médicos, el lenguaje, las formas de enunciación, los espacios sesgados a un sexo-género específico y los prejuicios sociales, las personas trans nos vemos obligadas a adaptarnos a las normas de cómo ser mujer y hombre, limitando nuestra autonomía corporal conforme al gusto y deseo de las demás personas.

La “Encuesta exploratoria de las experiencias de personas trans que han utilizado los servicios de salud en Colombia” (Ministerio del Interior, 2018) proporciona algunas cifras sobre la magnitud y gravedad de la situación. El 69 % de las personas trans encuestadas piensan que los servicios de salud no les proporcionan atención inclusiva; el 57 % ha decidido no usar los servicios de salud por temor a que su género (como persona trans) afecte la atención; el 83 % considera que los profesionales de la salud no tienen entrenamiento y capacidades para atender a las personas trans, y el 85 % piensa que los prestadores de servicios de salud no están lo suficientemente sensibilizados acerca de las necesidades de las personas trans.

Estas profundas barreras tienen efectos negativos en la vida y la salud de todas las personas trans, quienes con frecuencia nos vemos obligadas a realizar nuestros tránsitos de manera “artesanal”, es decir, sin el acompañamiento de un profesional de salud o sin acceso a información de calidad, aumentando los riesgos para nuestra salud y exponiéndonos a una extrema vulnerabilidad.

Las personas trans no queremos morir en un procedimiento artesanal, no queremos ver morir a otra hermana o hermano trans por una modificación corporal mal hecha o hecha en las peores condiciones, por eso pensar el escenario de la salud como un escenario posible para las personas trans implica crear condiciones para habilitar la experiencia de otros cuerpos, otros placeres y otras formas de ver el mundo. Es expandir el escenario para que abrace los cuerpos que han sido dañados por la discriminación y la heteronorma y habilitar otras formas de vida como legítimas y valiosas.

Ángel Mendoza López. Artivista-activista por los derechos de las personas trans en Colombia, cofundador de la colectiva AlienHadas.

Envíe sus cartas a [email protected]tador.com.

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