Por: Alvaro Forero Tascón

Las plagas latinoamericanas

LATINOAMÉRICA CORRE EL RIESGO de perder la "oportunidad de que esta sea su década". Porque la región tiene "la necesidad de trabajar en institucionalizar la democracia (...) y combatir la criminalidad y la desigualdad", dijo Hillary Clinton esta semana en la Conferencia de las Américas en Washington.

Un recordatorio no precisamente contestatario para los victorianos que han asumido la tesis de “la década latinoamericana” como si se tratara de un destino manifiesto, olvidando la fragilidad del despegue del subcontinente, como muestra el caso peruano en que la desigualdad está teniendo más impacto político sobre las elecciones presidenciales que el deslumbrante crecimiento económico.

Es un diagnóstico evidente, América Latina es la región con mayores índices en dos de las tres categorías —criminalidad y desigualdad— y potencia en democracias deformadas. En criminalidad tiene el 8,5% de la población mundial, pero genera 27% de los homicidios en el mundo. El narcotráfico se está esparciendo por Centroamérica, que con economías e instituciones más débiles que las de Colombia y México podría pasar de tener repúblicas bananeras a narcóticas.

Un ranquin de The Economist con una muestra de algunos de los países más desiguales señala cuatro países latinoamericanos entre los primeros seis: Colombia en la deshonrosa primera posición con un índice de 58,5, seguido de Brasil (53,9), México (51,7) y Argentina (45,8). Chile tiene un indicador mucho mejor: 22,6.

Sin embargo, el continente no hace el mismo diagnóstico. Los gobiernos latinoamericanos han sido prestos a adoptar las tesis conservadoras que emanan de Washington, pero con pocas excepciones parecen autistas frente a advertencias más progresistas. O como decía Felipe González, que no entendía por qué los latinoamericanos sólo aplicaban la mitad de la receta del éxito de los países europeos, de mercados libres para producir crecimiento y redistribución para generar avance social.

Hace unos meses, durante el gobierno Uribe, Colombia era un caso modelo para aplicarle la advertencia de la señora Clinton. Hoy ha hecho una corrección admirable en materia de institucionalización. Pero sigue siendo “líder” en los otros dos aspectos. En materia de desigualdad, según The Economist, los ingresos del quinto más adinerado de los colombianos son casi 25 veces mayores que los del quinto más pobre. “La mayoría de países asiáticos emergentes son menos desiguales: los ingresos del 20% de los chinos más ricos son 8 veces los del 20% más pobre. En Tailandia, uno de los países más desiguales de Asia, la rata es de 15.1”.

Sin embargo, estos temas no apremian la agenda pública directamente. En las encuestas, sólo aspectos parciales de la problemática puntean las preocupaciones de los colombianos, como el desempleo y ahora la corrupción. Otro artículo de The Economist revela que estudios en Estados Unidos demuestran que en general “las políticas públicas reflejan la opinión pública mayoritaria cuando el público está poniendo atención a las cosas correctas y sabe qué quiere”. Pero también revelan que “el público no les está poniendo atención a las cosas correctas, y me temo que la manera en que hemos venido hablando sobre desigualdad y plutocracia no está ayudando”.

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