Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

Las pobres viejecitas

En la lista de bienes de las Farc entregada al Gobierno el pasado 15 de agosto aparecen, entre otros exabruptos, desde trapeadores, exprimidores de naranjas, escobas, botas, tazas y hasta una extraña cirugía de cavidad de pene a un joven por $150.000.

Esta relación más parece una burla y una bufonada que el compromiso con un acuerdo, en el que se esperaba seriedad por parte de una organización que todos sabemos posee billones aquí y en el exterior, producto de décadas de extorsiones, secuestros y la muy rentable siembra de los narcocultivos y su posterior procesamiento y comercialización.

Tampoco nadie les va a creer que solo tienen 130 cabezas de ganado, 49 vehículos y 241.560 hectáreas de predios rurales —¿y los urbanos qué?—, lo que representa también unas cínicas cifras totalmente distintas a la realidad.

Con razón, el señor fiscal general de la Nación no solo calificó de irrelevante lo contenido en los 135 folios de los bienes farianos dados a conocer, sino que además consideró —por ejemplo— que los 3.753 kilómetros de vías que manifiestan haber construido no pueden hacer parte del inventario porque “la infraestuctura vial es inenajenable”.

Así las cosas, las Farc deberán “enmendar” su lista de bienes y decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, virtud a la que son muy poco proclives si nos atenemos a sus comportamientos anteriores.

Seguramente, lo que quieren es posar de una pobreza franciscana porque cada vez se conoce de más y más bienes, así sea en manos de testaferros y terceras personas que es necesario investigar y comprobar.

Lo anterior nos recuerda la fábula de Rafael Pombo de “la pobre viejecita sin nadita que comer” que nos podría servir para corroborar un engaño más de los muchos que tienen en su prontuario delictivo, y que no sería raro que se convirtiera en otro sapo de los que nos hemos tenido que tragar en aras de una paz a medias cuya implementación ojalá no nos vaya a costar sangre, sudor y lágrimas.

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