Por: Mauricio Botero Caicedo

Las poleas y los piñones de la corrupción

A PARTIR DE LA CONSTITUCIÓN DEL 91 se ha enquistado en el país un siniestro gremio que se podría llamar los 'usureros del infierno' y que se diferencian de los prestamistas tradicionales tanto en el fondo como en la forma.

En esencia estos pícaros son los que financian o forman parte de los carruseles de contratistas que se tomaron Colombia y los que lubrican las poleas y los piñones del motor de la principal corrupción del país: la contratación de obras y servicios por parte de las entidades nacionales, departamentales y municipales. Siendo la rentabilidad sobre los recursos prestados tan enorme (en muchos casos superiores a los que deja el narcotráfico ya que un préstamo de $100 millones puede dejar cerca de $400 millones en capital e intereses), los ‘usureros del infierno’ no tienen la menor necesidad de ampliar sus mercados.

Los ‘usureros del infierno’ vienen básicamente en dos versiones: los que se limitan a la financiación de los políticos; y los que, además de ser prestamistas, son contratistas. Tanto los primeros como los segundos pueden entregar dinero en efectivo, o votos que para todo efecto práctico es lo mismo. Indistintamente del sombrero bajo el cual operan los corruptos, hay varias reglas de oro que aplican con total disciplina: la primera es financiar exclusivamente a aquellos políticos que directa o indirectamente tienen cuotas en los institutos descentralizados o manejan en forma directa los presupuestos como son los gobernadores y los alcaldes. Lo que es absolutamente evidente es que los corruptos no pierden el tiempo financiando o aportando votos a políticos que no les puedan devolver en obras y contratos los dineros invertidos. Una segunda regla de oro es que el precio del funcionario (i.e. alcalde o director de instituto) depende exclusivamente del presupuesto que maneje. (Es esta la razón por la cual los ‘usureros del infierno’ se concentran es en los departamentos, que reciben jugosas regalías como el Casanare; y no en el Chocó). Una tercera regla es mantener con rienda corta a los funcionarios y dosificarles las contribuciones. Los corruptos finalmente se cuidan de mantener una reserva importante para los interventores, que en últimas son poleas fundamentales en el motor de la corrupción.

El caldo de cultivo de los ‘usureros del infierno’ es la elección popular de alcaldes y gobernadores y la manifiesta inequidad en la distribución de las regalías. En relación con la elección, hace algunas semanas Daniel Samper Pizano (El Tiempo, marzo 13/11) escribió un contundente artículo en que señala que la elección popular de alcaldes, que quiso ser un avance democrático, lo que en realidad se convirtió es en motor de la corrupción. Mauricio Gómez, en sus brillantes informes en CM&, ha puesto en evidencia cómo buena parte de las regalías mineras han ido a parar directamente a los bolsillos de los corruptos mientras que la población sigue tan pobre como antes. O se modifica, regula y controla este caldo de cultivo de la corrupción, o los contribuyentes podemos tener la certeza de que nuestros impuestos van a parar a manos de los ‘usureros del infierno’.

 Apostilla: Quienes creen que el fascismo ha desaparecido, están en un grave error. No sólo está vivo y coleando, sino que en su más reciente mutación ha reaparecido bajo el curioso mote de ‘kircheneristas’, una facción fanática y delirante del peronismo empeñado en restablecer la censura a lo largo y ancho del país austral. No contentos con pretender acallar al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, esta recua de imbéciles neofascistas pretende hoy bloquear a los dos principales diarios argentinos, el Clarín y La Nación, para impedir que la prensa independiente siga destapando esa ‘olla podrida’ en que la pareja Kirchner ha convertido al Estado argentino.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mauricio Botero Caicedo

Soltando una ráfaga devastadora de golpes

La posverdad, más conocida como el engaño

Contra okupas, desokupas

Un par de acróbatas profesionales