Por: Gustavo Páez Escobar

Las raíces de Obama

Tuvieron que pasar 220 años a partir del gobierno de George Washington (1789) para que un afroamericano fuera presidente de Estados Unidos. Barack Obama se convirtió en el presidente número 44 y en el primer negro que lograba ese privilegio. Hecho por demás significativo, sabiendo que el 75% de la población es de raza blanca y el 13% afroamericana, lo que se refleja en el fuerte racismo que impera en el país.

Obama nació en Honolulu, Hawái, en el hogar formado por un negro africano, que era economista keniano, y una blanca, antropóloga estadounidense. Tenía dos años cuando su padre abandonó la familia. Pocos años después, el hijo recibió en Nueva York, donde cursaba estudios en la Universidad de Columbia, la noticia de que su padre, con quien solo se había visto una vez, a la edad de diez años, había muerto en un accidente de circulación. La relación entre ellos era inexistente.

En Harvard obtuvo el título de abogado, y allí se vinculó más tarde como profesor. Después ejerció su oficio de jurista durante varios años. En Chicago trabajó como organizador comunitario, experiencia que le permitió captar los problemas públicos, comenzando por los raciales. Así surgió la inquietud política que lo llevó en enero de 1997 a la posición de senador del estado de Illinois.

Un día se detuvo a meditar en su propia identidad, en su raza y significado. A su familia casi no la conocía. Su padre se había casado tras el abandono del hogar, y tuvo otros seis hijos, hermanos incógnitos de Obama. También su madre se había casado de nuevo, y había vuelto a separarse. Murió víctima de un cáncer.

En medio de la perplejidad en que transcurría su vida, Obama decidió visitar a su gente. Deseaba dialogar con ellos para enterarse de sus problemas, ideas y sueños. Buscaba instaurar la comunicación que nunca había existido. Viajó de Kansas a Hawái y luego a Kenia, y se reunió por primera vez, en ambiente llano y efusivo, con sus familiares distantes. Al descubrir sus propias raíces, terminó entendiéndose a sí mismo.

La figura de su padre –el otro Barack Obama–, lejos de causarle aversión, le resultaba magnética, quizás por representar una marca, un ineludible vínculo de la sangre. Auma, la hermana que acababa de conocer, lo llamaba el viejo. En el libro Los sueños de mi padre, el futuro presidente anota: “A mí me gustaba el apodo, sonaba familiar y distante a la vez, una fuerza básica imposible de comprender del todo”.

El libro fue editado en 1995, y ahora sale en edición española de Penguin Random House. En él describe Obama sus días de la infancia; sus nexos con la familia materna, proveniente de Kansas; su época de estudiante y luego de abogado; su labor como organizador comunitario, y a la postre, su visita a la familia paterna, cuyos orígenes vienen de Kenia.

Se advierte en estas memorias la vocación y el nervio del político que comienza a dar pasos firmes en su carrera por la conquista del poder. Pinta en ellas, con amenidad y gran fuerza narrativa, e incluso poética, las diversas situaciones que surgían a su paso. A su gente la trató con emoción y afecto. En África se encontró con sus raíces, y también con las angustias del pueblo. Este panorama tocó sus fibras íntimas y movió su sensibilidad hacia las causas populares.

El libro se publicó dos años antes de su elección como senador y se convirtió en el puente de entrada a la política. Años después vendría su victoria como presidente de la nación (2009-2017). ¿Cuánto tiempo pasará hasta que Estados Unidos vuelva a tener otro presidente negro?

[email protected]

878799

2019-08-31T00:00:00-05:00

column

2019-08-31T01:32:12-05:00

jrincon_1275

none

Las raíces de Obama

20

3836

3856

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Gustavo Páez Escobar

El legado de Galán

Furia contra las canecas

El drama de Aura Lucy

Los fantasmas de Guayacanal

Tulio Bayer, el luchador solitario