Por: Felipe Zuleta Lleras

Las redes y nuestra tranquilidad

Dice la Real Aacademia de la Lengua que odio es: “Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”.

Ese parece ser el verbo rector y la conducta de millones de tuiteros que han hecho del odio su “natural” modo de vida. No dudo que las mal llamadas redes sociales han contribuido enormemente en esta detestable práctica que cada vez domina el quehacer diario de muchísimos compatriotas. Como lo he dicho ya en varias oportunidades, no tengo Twitter y hace seis semanas dejé de usar WhatsApp. Y quiero contarle a usted que he recobrado la tranquilidad, pues ni me entero de los insultos ni me informo sobre lo que escriben los políticos, los insultadores de oficio y, por supuesto, los envidiosos que parecen no tener nada más que hacer que odiar, ultrajar y amenazar.

Digo mal llamadas redes sociales, pues Twitter más bien parece una red de antisociales. (Y al que le caiga el guante que se lo chante). Hay tuiteros estupendos y divertidos, pero hay también gente con el alma dañada y resentida. Esos son por supuesto los que no tienen nada más que hacer que desfogar sus miserias en 140 caracteres. ¡Pobrecitos!

WhatsApp por su parte es atosigante, quita tiempo y les permite a los desocupados que tienen nuestro celular mandar, generalmente de forma gratuita, una cantidad de informaciones, memes, videos y sandeces que no sirven absolutamente para nada.

Desde que cerré eso no he dejado de hablar con quien he tenido que hacerlo, ni se me acabó el mundo, ni he dejado de hacer las tareas. De 80 o 90 mensajes diarios que me enviaban, he quedado felizmente reducido a dos llamadas y un par de mensajes de texto como máximo. Eso quiere decir que más del 99 % no era ni importante ni vital. Pero en cambio me quitaba la tranquilidad, me estresaba y me obligaba a chatear, cosa que me aburre profundamente.

Estoy seguro de que si los mensajes por este medio tuvieran un costo, muy pocos escribirían por allí. Pero como es gratis por el solo hecho de estar colgado a una red o está incluido en el plan del celular, pues escriben así no tengan nada importante que decir.

Entiendo que mucha gente trabaja por WhatsApp y no se atreven a cerrarlo. A ellos les digo que si hacen el intento, quienes tengan que hablar con ustedes lo harán de todas maneras, con o sin esa herramienta. Que yo sepa, en ningún contrato de trabajo dice que es obligatorio tener celular y menos contar con WhatsApp. La adicción a esto ha llegado tan lejos que en los últimos días en Colombia se han presentado tutelas como la de un estudiante en Santander porque lo sacaron de un grupo de estudiantes.

No me opongo al desarrollo, pero estoy convencido que algunas de las redes sociales han llegado para acabar con nuestra felicidad y con nuestra sagrada tranquilidad. Haga usted el intento de prescindir de ellas por un tiempo y verá que recupera su sosiego, su paz y el diálogo con sus familiares y amigos. El celular llegó para jodernos la vida y sí que lo ha logrado.

 

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