Por: Salomón Kalmanovitz

Las regalías y la investigación

Es conocido el lamentable desperdicio y la captura por políticos y grupos ilegales de las regalías que van a departamentos y municipios.

El Gobierno se propuso cambiar la situación centralizando el ingreso y gasto de las regalías, asignándolas de forma justa y eficiente. Diez por ciento de las regalías iría a financiar la investigación en ciencia y tecnología para que la bonanza minera quedara sembrada y floreciera. Esos propósitos están siendo abandonados en aras de las gobernabilidad que se tranza en la mesa de la Unidad Nacional.

Hubo mucha ilusión en los establecimientos de educación superior de que ahora sí se fortalecerían los recursos destinados al desarrollo de la tecnología y de la investigación y que, además, se podría enviar a doctorar al exterior a miles de estudiantes promisorios. Sin embargo, el gobierno Santos está asentado sobre una alianza de políticos voraces del Partido de la U, el Partido Liberal, el Partido Verde y el Partido Conservador y no ha hecho lo suficiente para cortar el cordón umbilical entre los partidos y los grupos ilegales, lo cual es evidente en muchas áreas del gasto público.

Los problemas para que las regalías lleguen a las universidades y a sus más destacados investigadores comienzan con la debilidad intrínseca de Colciencias, que fue prácticamente desmantelado durante los ocho años de la era uribista. A 14 meses de inaugurado el presente gobierno, Colciencias no ejerce liderazgo alguno y exige todavía que las universidades que reciban su financiamiento hagan un enorme esfuerzo propio para poder recibir los magros fondos que ofrece y que desembolsa, si acaso, después de larguísimos procesos de decisión.

Más grave es la forma como se está delineando quién y cómo se toman las decisiones en los comités que van a asignar los recursos: están compuestos de tres miembros del Gobierno, dos representantes de los gobernadores y alcaldes y otros dos, uno por la universidad pública y otro por la universidad privada. Lo que se ha visto hasta el momento es que las áreas priorizadas para investigar están muy aplicadas a los problemas que vislumbran los gobiernos nacional y territoriales.

No hay una visión universal de que las ciencias básicas son indispensables para desarrollar y aplicar tecnologías a los problemas que deba enfrentar la sociedad. Brasil doctoró a miles de estudiantes en las mejores universidades del mundo en química, física, matemáticas, biología y ciencias sociales, quienes volvieron a engrosar los centros de investigación de las universidades, del Gobierno y de la industria privada. También contribuyeron al desarrollo de doctorados en las universidades del país.

Acá los derroteros escogidos han sido mezquinos: no se impulsan las ciencias básicas sino ingenierías y tecnologías; por ejemplo, las ciencias sociales deben atender prioritariamente el problema de la paz. Los estudiantes colombianos deben ir a doctorarse a universidades latinoamericanas, que desafortunadamente escasean en la lista de las mejores 500 universidades del mundo, pero que son más baratas que las norteamericanas y europeas.

Los políticos en esos comités buscan canalizar las regalías a sus propias universidades, plagadas de políticos rapaces o administradas directamente por grupos ilegales. Se van a vulnerar así los logros investigativos de las mejores universidades del país para destinar las regalías a los intereses que siempre las han capturado.

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