Por: Augusto Trujillo Muñoz

Las terceras fuerzas

Los partidos políticos colombianos son hijos de la Modernidad. Los tradicionales –el conservador, el liberal y el comunista- figuran entre los más antiguos del mundo.

Expresan una concepción binaria, cuyas raíces se hunden en las culturas clásicas. En ellas, como dice Maquiavelo, se constataban dos temperamentos: el del pueblo y el de los poderosos. Con el tránsito de las poliarquías medievales a las monarquías absolutas, el pensamiento moderno condenó las facciones pero luego recuperó la idea binaria, ahora ideologizada, en la confrontación entre monárquicos y republicanos. 

En Colombia se polemiza sobre el origen de los dos partidos históricos –el conservador y el liberal- pero se acepta su alta influencia durante toda nuestra vida republicana. Sin embargo se suele desconocer la importancia de terceras fuerzas en el diseño institucional del país, en el suceso de la evolución institucional y en la construcción  de nuestra cultura política. 

Tiene razón Eduardo Posada Carbó cuando en su columna de El Tiempo (27/9/13) recuerda que en los años treinta del siglo xix el Nuncio identificó cuatro partidos en Colombia. Mosquera estableció un tercero, agrega, y Núñez impulsó su proyecto de la Regeneración a través de un partido distinto al liberal y al conservador.

En el siglo xx, en medio de alto protagonismo liberal-conservador, surgieron la Unión Republicana, la “Unir” y la “Anapo”, para no hablar de las disidencias internas que actuaban como partidos, o al menos, como movimientos autónomos e independientes. Antonio García, a mediados del siglo anterior, también expresó la importancia de las terceras fuerzas. A su juicio la idea de que Colombia está adherida al régimen de dos partidos es, históricamente, una verdad a medias.

Por eso han tenido vigencia permanente las terceras fuerzas. Han servido, anota García, para llevar al país la democracia viva y actuante con las Sociedades Democráticas, por ejemplo, o para garantizar el regreso al poder de un cesarismo criollo con las Regeneración. Pero también es esa una visión binaria. En una sociedad plural tienen que servir para aproximar posturas doctrinarias opuestas y manejar estrategias capaces de construir consensos políticos, no ha partir de la cooptación sino de la deliberación.

Es preciso superar el esquema binario. No eran binarias las sociedades precolombinas,  ni la tesitura africana, ni siquiera la visión de la rica diversidad ibérica que llegó al nuevo mundo en el equipaje cultural de los conquistadores. Nos llegó bastante más tarde, por cuenta de una mercancía importada que resuelve los problemas sociales a través de revoluciones: liberales como en Francia o socialistas como en Rusia. 

Ese esquema quedó atrás. Es decimonónico o, por lo menos, vigesimario y, sobre todo, absolutista y opresivo. El siglo xxi descubrió las sociedades plurales, invisibilizadas por siglos, y con ellas la necesidad de superar la visión binaria. Necesitamos terceras fuerzas, y cuartas y quintas que trasunten la realidad plural. Necesitamos un país inclusivo que no esté dividido entre buenos y malos. Una sociedad en la cual quepamos todos. Ni Robespierre ni Lenin.

@inefable1, [email protected]

 

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