Por: Moisés Wasserman*

Las universidades están discutiendo

Los llamados del señor presidente y los ministros para que las universidades discutan la Ley de Educación Superior caen en un terreno abonado. Vemos el proyecto como la oportunidad para una discusión amplia con la sociedad.

Sería bueno, sin embargo, valorizar la discusión con algunos ejemplos: en Alemania, después de resultados mediocres en el ranking de Shangái, se construyó el proyecto Iniciativa de Excelencia que, con una inversión de 1.900 millones de euros, contempla el apoyo a 10 de sus universidades (todas públicas) para recuperar las posiciones perdidas con la creación de 40 nuevas escuelas doctorales y 30 centros de investigación.

Francia, por la misma razón, reestructuró su sistema de educación superior agrupando en “polos de investigación y educación superior” sus tradicionales universidades, institutos de investigación y escuelas de ingeniería (todos públicos). Se prevé la construcción de 11 nuevos “megacampus” regionales.

El presidente Obama, en su primera reacción a la crisis financiera y en su último discurso sobre el “Estado de la Unión”, inyectó US$60.000 millones para investigación y fortalecimiento de las universidades. Iniciativas como esas se repiten en el sureste asiático, China, India y casi todas las naciones concentradas en una economía del conocimiento.

En España estudios económicos del gobierno mostraron que era más rentable invertir en educación superior que en bonos del Estado. La Asociación Colombiana de Universidades, en un estudio parecido, concluyó que la rentabilidad social del dinero invertido en educación superior es del 40%.

En la reforma que discutimos en Colombia propone el Ministerio —para financiar un crecimiento del 37% de los cupos y para la mejora de la calidad— la suma de $1,2 billones públicos y otro tanto de privados (lo último con un grado de incertidumbre no estimado). Las dos cantidades sumadas corresponden apenas a un aumento del 15,8%, menos de la mitad de la meta de cupos.

Dentro de esa suma a las universidades públicas se les asigna $410.000 millones. Si éstos se invirtieran exclusivamente en financiar nuevos cupos, ni un centavo para nada diferente, apenas lograría al costo actual 25.000 estudiantes nuevos durante los próximos cuatro años. Compárese eso con la meta de 605.000 nuevos cupos de pregrado y 40.000 de posgrado.

Con gusto aceptamos la invitación a discutir, pero ojalá sobre cálculos, proyecciones y estudios y no sobre supuestos y lemas. Lamento que la discusión no sea, como en los ejemplos anteriores, sobre estrategias para crecer y proyectar a nuestras universidades a un futuro mejor sino sobre sus mínimas posibilidades de supervivencia.

* Rector Universidad Nacional de Colombia

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