Por: Beatriz Vanegas Athías

Las verdades de Isabel Cristina (I)

Frente a la vacuidad del presidente que tenemos, la potencia verbal de la socióloga de Ituango y líder del movimiento Ríos Vivos Isabel Cristina Zuleta; frente a la repetición como marioneta de argumentos aprendidos de su jefe el senador Álvaro Uribe, la fundamentación con hechos, conceptos, datos comprobables del discurso de Isabel Cristina Zuleta. Cuando escribo esta columna, el presidente de esta mafiocracia parece más el mandatario de Venezuela y con su imprecisión da cuenta de querer embarcarnos en una guerra superior a las ya vividas, mientras la suerte de Hidroituango sigue al garete y miles de habitantes del norte de Antioquia, del sur de Bolívar y Sucre (La Mojana) padecen el horror de una segunda guerra que los vuelve a asesinar, esta vez de hambre ante la orfandad que padecen por la muerte del río.

Son verdades que la burbuja informativa paisa (que es la misma burbuja nacional diciendo por radio y televisión a los colombianos que la imagen de Duque ha subido) impide salir mediante la filtración pagada por las respectivas gobernaciones, el grupo empresarial antioqueño y EPM, hoy desprestigiada hasta el hartazgo.

Un proyecto vendido a los ojos del país como generador de energía, pero que en realidad inició en 1997 durante la gobernación de Álvaro Uribe Vélez y cuyo símbolo fue el helicóptero expropiador y el Esmad que apoyó el saqueo. Durante ese año se dispararon las masacres, hechos que hacen concluir a los habitantes de Ituango, Santa Fe de Antioquia, Sabanalarga, Valdivia, Yarumal, Toledo, entre otras poblaciones, que este inició como un proyecto militar y no como un proyecto generador de energía. Llegó un Esmad, de acuerdo a Isabel Cristina Zuleta: “a gasear, ultrajar, a tumbar los ranchos, a hacer cosas horribles igual que los paramilitares”. Hay documentadas 50 masacres entre 1990 y 2016 en la zona de influencia del megaproyecto en el norte de Antioquia. Hasta 2018, 73. En 2010 ocurrió el primer desalojo en Ituango, dice la líder de Ríos Vivos, agrega que no hubo planeación, un desorden total reinó y el único argumento fue se van de aquí porque “llegó Hidroituango, llegó el progreso”. No en vano hay construidas en el corazón del proyecto cuatro bases militares. Hecho este que no es referenciado en los medios de comunicación televisiva a través de los que se informa el ciudadano de la Colombia rural y pueblerina.

Por lo anterior, además del terror de la masacre y la expropiación, otro factor que constituye una constante en este desastre es la característica sesgada y el método empleado para transmitir la información a los habitantes del Cañón, a los del sur de Bolívar y a los de La Mojana sucreña. Lo que se sepa en Bogotá y de ahí al resto del país proveniente de las comunidades afectadas es información estigmatizada como en contra del progreso paisa. Pero es que lo que se socializó (esto es un decir porque la realidad fue adversa) fue nada o se hizo al acomodo de EPM: audiencias públicas que debieron ocurrir en las zonas norte, occidental y del Bajo Cauca se realizaron sólo en Medellín. Así, quienes se enteraron de estas audiencias no eran miembros de las comunidades que habitaban el territorio en cuestión, sino los propietarios de las grandes extensiones de tierra que no vivían en la región, que son testaferros, que no conocen el funcionamiento del río ni del relieve montañoso. Surgió entonces ese eterno y esnobista binomio que devora el concepto de utilidad pública: los que saben (“expertos” contratados por las empresas) y los que “no saben” (las comunidades afectadas y desamparadas por un Estado que es a su vez socio de los contratistas). Así que los ribereños sólo podían hacer preguntas por escrito, esta oportunidad se la daban a una población con un índice de analfabetismo altísimo: una macabra humillación que los dejaba desarmados y desalmados impidiendo esgrimir sus argumentos a través de la oralidad en una clara negación de un proceso participativo propio de una verdadera democracia y no de esta mafiocracia colombiana que no perdona ni a los ríos.

Coda. ¿Ustedes saben qué es un cerco diplomático?

 

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