Por: Felipe Zuleta Lleras

Las vías de hecho

Resulta inexplicable que el Gobierno deje llegar los asuntos hasta que hagan crisis para enfrentarlos, erráticamente por supuesto.

Me refiero a los paros de los cafeteros y de los transportadores que, literalmente, arrodillaron al presidente y a sus ministros, acudiendo por supuesto al expediente de los bloqueos de las principales carreteras del país.

Entiendo que estas protestas son justas, pues a los cafeteros les mamaron gallo por años enteros sin que les solucionaran sus problemas, hasta que se les colmó la paciencia. Y, en lo que toca con los transportadores, sólo a un gobierno despelotado se le ocurre aumentar el precio de los combustibles en la mitad de lo más álgido de otro paro.

Las soluciones, por supuesto, le cuestan al erario más de $800 mil millones, que para un país en crecimiento resulta muchísimo dinero. Si bien creo que las razones que los llevaron a protestar son legítimas, lo cierto es que como antecedente es peligrosísimo. Porque de esto queda claro que la única manera en que los ciudadanos seamos oídos por el Gobierno es bloqueando las carreteras, perjudicando así a millones de colombianos que vieron desabastecidas las plazas o, por sólo poner un ejemplo, a los avicultores que vieron morir miles de pollitos, sin que a ellos absolutamente nadie les repare un solo peso (por transparencia con ustedes, aclaro que un familiar mío es gerente de una empresa avícola).

El Gobierno no puede seguir dando palos de ciego. Y aun corriendo el riesgo de ser aburridor, creo que el presidente debe asumir con más dedicación las riendas de los temas que afectan al país, pues el único asunto no puede ser el de los diálogos de paz de La Habana.

Las locomotoras están paradas y el desarrollo no da mucha espera cuando hemos firmado varios tratados de libre comercio que pueden poner en serios apuros al sector productivo del país. El tema no es de gobernar con encuestas, es de gobernar a pesar de ellas.

Notícula: Resulta muy preocupante lo que se oye en los corrillos judiciales en el sentido de que el Consejo de Estado no tiene una posición unificada en cuanto a que el período del fiscal general no sería de cuatro años desde que se posesionó. El país no puede concederle al hampa la concesión de que llegue cada año un fiscal a arrancar de ceros, menos cuando hay procesos tan delicados como el de Interbolsa, el carrusel de Bogotá, los falsos positivos y el robo a la salud.

Sería una locura que el Consejo de Estado llegara a cometer la irresponsabilidad de acortarle su mandato al fiscal Eduardo Montealegre, quien ha demostrado ser valiente en el momento de tomar decisiones en contra del hampa, como los narcos, o de los elegantes delincuentes de cuello blanco.

Ojalá el alto tribunal de lo contencioso decida en la dirección correcta y lo haga pronto, pues en tanto se demore, más contentos se pondrán los pillos de este país. No creo que sea pedirles mucho cuando de fallar en derecho y por el bien de Colombia se trata.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Felipe Zuleta Lleras

No se meta con la loca

Estudien, vagos

La legalización de la marihuana

Corrupción en la agenda

Populismo barato