Por: Columnista invitado

Latam enfrenta nuevos retos

La desaceleración reciente de América Latina es más que un fenómeno cíclico y, como tal, debe enfrentarse no sólo con políticas contracíclicas sino también con reformas estructurales.

América Latina ha pasado de un periodo de fuerte crecimiento entre 2004 y 2013 a una desaceleración acentuada en los últimos dos años. Pero, más allá de los números, hay un cambio cualitativo importante. La región venía creciendo más que las economías desarrolladas en los últimos 15 años e iba cerrando también la brecha de renta per cápita con los países industrializados. Sin embargo, en 2014 y 2015 la región crecerá por debajo del promedio de los países de la OCDE (bastante menos que ellos en per cápita), y nuestras previsiones apuntan a que crecerá no muy por encima de EE.UU. en lo que resta de esta década.

Con todo, el principal riesgo de las autoridades económicas sería no reconocer que la disminución de los vientos de popa representa un cambio estructural en la región y que resulta crucial encender los motores internos del crecimiento a través de las reformas estructurales. Entre ellos, impulsar el aumento de la productividad para afianzar el crecimiento de largo plazo. Ya que cuando se descompone el crecimiento de la renta per cápita en América Latina respecto a EE.UU. en los últimos 15 años, toda la diferencia se explica por un mayor empleo y por un mayor stock de capital, pero no se produjo ningún avance en la productividad en relación con EE.UU.

Por ello, la inversión y las reformas estructurales deberán continuar en la región para afianzar el primer impulso ya realizado por México y, en menor medida, por los tres países andinos. El aumento de la productividad pasa crucialmente —aunque no exclusivamente— por una mayor inversión en infraestructuras, una mayor inversión en capital humano (mejor educación y mejor salud) y programas agresivos de reducción de la informalidad, al tiempo que se acomete una reforma profunda para destrabar los mercados de factores y productos y se mejora la calidad de las instituciones.

 

*Juan M. Ruiz, economista Jefe para América del Sur – BBVA Research.

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