Por: Patricia Lara Salive

Laura Restrepo y su libro que escribió seis veces

PEDRO, ENFURECIDO, LE GRITABA A su madre, la escritora Laura Restrepo, en plena avenida tercera de Nueva York: “esa novela es muy mala: ¡saque a Mateo; o métalo, pero déle el mismo peso que tiene esa mamá todopoderosa que todo lo sabe y todo lo puede!”

Pedro, graduado en literatura, siempre ha sido el primer lector de su madre. Pero en Demasiados Héroes, obra de ficción que acaba de publicarse luego del silencio literario de cinco años que siguió a Delirio (Premio Alfaguara 2004), jugó un papel fundamental porque se convirtió en el defensor de Mateo, el hijo de Lorenza, quien tenía una voz dominante que opacaba la del niño.

Y es que a Laura, por razones personales y técnicas, le costó mucho trabajo publicar Demasiados Héroes, una historia de una madre, como ella; militante de izquierda, como ella; que tuvo un hijo, como ella; que creció alejado de su padre, como Pedro, y que un día se dio cuenta, como seguramente le ocurrió a él, de toda la falta que ese padre le había hecho sin que él se diera cuenta… Sí, no era fácil para Laura hurgarse ese pasado. Pero tenía que hacerlo porque, como escribe en la novela, necesitaba “ponerle por fin palabras a esta historia hasta ahora marcada por el silencio (…) porque pasado que no ha sido amansado con palabras no es memoria, es acechanza”.

Sin embargo, no fueron menores que las dificultades personales los problemas técnicos que tuvo Laura con esta novela: la desbarató seis veces. Comenzó escribiéndola en una tercera persona que daba la óptica de la madre y relataba hechos de su militancia en Argentina (Laura militó en época de la dictadura en la resistencia no armada clandestina de ese país). Pero esa versión se convirtió en memoria de hechos periodísticos, y al leerla le pareció mala. En el segundo intento predominó la voz en primera persona de Lorenza, una militante con una visión del mundo menos dividida entre buenos y malos, menos atenida al canon. El resultado tampoco le gustó. Luego comenzó a tomar fuerza el niño, quien tenía el conflicto de averiguar quién era su papá y cuyo vacío de padre no lo llenaba el esquema del militante bueno y del tirano malo. Entonces Laura armó la novela como un diálogo entre la madre y ese niño que buscaba a su padre y quería saber por qué se había ido. Ese texto tampoco la convenció porque no le quedaron bien manejados esos diálogos en que la madre y el hijo sabían de qué hablaban pero el lector no. Entonces apareció una tercera persona que los descargaba de información. Pero el niño figuraba como la sombra de la madre. Y eso enardecía a Pedro. Y surgió la convicción de que el personaje fuerte debía ser el niño. Y emergió la última versión de Demasiados Héroes, un libro de apariencia simple pero muy difícil de hacer; una novela fácil de leer porque no se le notan las costuras; una obra que conmueve pues toca la relación madre-hijo en los frecuentes casos en que los niños crecen alejados de sus padres; un libro hecho con la maestría de esta escritora colombiana quien, con el mexicano Octavio Paz, comparte el mérito de ser profesor at large de la Universidad de Cornell.

Demasiados Héroes es, en resumen, un libro entrañable de una gran escritora, ya madura, quien desde su anterior novela entró en un contacto mucho más profundo con su ser interior. Es una novela que vale la pena leer.

 

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