Por: Armando Montenegro

¿Lazos con Rusia?

Es difícil formarse un juicio definitivo sobre algunos aspectos controvertidos de la vida de Lauchlin Currie. Por una parte, varios libros serios, publicados después del año 2000, que versan sobre los problemas económicos de la Segunda Guerra Mundial, señalan que Currie fue un espía soviético (por ejemplo, Benn Steil (2016), La batalla de Bretton Woods, Deusto). Por otra, en su destacada obra académica y su vida profesional no se encuentran rastros de comunismo.

Los señalamientos contra Currie se basan en dos fuentes: (i) las acusaciones de dos miembros del Partido Comunista de Estados Unidos ventiladas en las famosas investigaciones del senador Joseph McCarthy; (ii) los archivos de la KGB que se conocieron después de la disolución de la Unión Soviética.

En 1990, Roger J. Sandilands, biógrafo, discípulo y admirador de Currie, respondió a las primeras acusaciones y montó su defensa en cuatro argumentos: (i) Currie, como muchos de los economistas del New Deal, creía en la planificación y la intervención económica, pero nunca fue comunista; (ii) como Rusia y Estados Unidos fueron aliados en la guerra, era inevitable que Currie hubiera conocido y trabajado con algunos miembros del gobierno de Stalin; (iii) Currie fue el blanco de una cacería de brujas de la extrema derecha norteamericana, y (iv) Currie se presentó ante varias comisiones investigativas, dio explicaciones y nunca fue condenado.

El mismo Sandilands también defendió a Currie en 2002, después de que revelaron los archivos de la KGB. Argumentó que algunos observadores declaraban a Currie culpable por asociación, pues sólo se había probado que tuvo frecuentes contactos con varias personas que sí habían sido espías comunistas. Y concluyó que la evidencia no era suficiente para determinar que había sido culpable. A pesar de los esfuerzos de Sandilands, varios escritos recientes sostienen lo contrario.

Al igual que en sus actividades en Estados Unidos, en Colombia, a partir de 1950, Currie tuvo una destacadísima participación en el diseño de la política económica. Ni en sus recomendaciones ni en sus escritos académicos se hallan indicios de socialismo, mucho menos de comunismo al estilo soviético. Por ejemplo, en el tema de la propiedad de la tierra, desde los años cincuenta se opuso a las ideas de Hirschman y otros que favorecían la reforma agraria y, más adelante, mantuvo esa misma posición durante todo el Frente Nacional. Insistió, en cambio, en la idea de formar grandes explotaciones agrícolas privadas y estimular la migración ordenada de los campesinos a las ciudades.

Y si en la asesoría económica también valiera el concepto de “dime con quién andas y te diré quién eres”, Currie trabajó de cerca con el gobierno conservador de Laureano Gómez y Roberto Urdaneta y, años después, fue el principal orientador del plan de desarrollo de Misael Pastrana, un esquema desarrollista con sesgo inflacionario. Asimismo, mantuvo cierta distancia y no pocas discrepancias con figuras liberales como Carlos Lleras y Alfonso López Michelsen.

Ante los episodios intrigantes de la vida de Currie, bien valiera la pena que algún académico independiente revisara en conjunto todas las fuentes primarias disponibles sobre la trayectoria de este destacadísimo personaje que dejó una honda huella en las instituciones, las políticas y los economistas de Colombia.

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