Por: Darío Acevedo Carmona

Lazos familiares

No voy a hablar de una telenovela aunque el tema daría para una de intrigas. Tampoco me voy a referir al tan sonado caso de la inclusión de José Obdulio Gaviria en la lista del Centro Democrático al Senado que ha inspirado comentarios biliares de nuestra opinión ilustrada que todavía cree en el delito de sangre.

Me voy a referir a la manera como los lazos de sangre se convierten en factor de suerte en la política, cuando suponíamos que habíamos entrado a la Modernidad y que ya era anacrónico pensar en términos de la sangre azul.

No es raro y es aceptado y es legítimo que se herede de los progenitores y familiares cercanos, por obra y gracia del apellido, bienes materiales. Es sabido que los herederos se trenzan en disputas muy violentas y en ruptura de hermandades por las porciones que cada quien cree merecer.

Pero, lo que sí causa sorpresa a estas alturas del desarrollo capitalista, se crea, se haga creer y se imponga que el hecho de ser hijo de un “prohombre” político dé lugar a heredar ese poder, el carisma, la inteligencia, si es que la hay, la astucia, la retórica, las mañas y hasta los votos, como si estos fuesen tierras u objetos heredables como los muebles, las joyas y el dinero.

Y es así en nuestro querido país y es corriente en todos los partidos y tendencias. Un ejemplo de la buena suerte de tener apellido es el de los hijos de Luis Carlos Galán, muy bien educados en universidades extranjeras, hoy “prohombres” promisorios gracias a ser hijos del inmolado líder liberal y a la decisión del expresidente Gaviria que ungió al mayor de ellos cabeza de lista al senado por el liberalismo, partido que estaba cayendo en el precipicio. No tenían, pues, más que los “méritos” de sangre, no conocían el país, no tuvieron necesidad de comer sancocho ni tomar ron ni dar regalos ni hacer rifas. Hermanos y primos del caudillo, valiéndose del apellido, intentaron hacer carrera pública no siempre con buenos resultados.

Ni qué hablar del hijo del mismo expresidente Gaviria, Simón, quien de forma astuta se arrimó al árbol uribista para hacerse elegir Representante a la Cámara y hoy, sin mayores méritos y con limitaciones para leer proyectos, es el jefe máximo del liberalismo. Mérito de sangre de quien no sabe lo que es sudar una campaña ni conoce una tribuna.

Engrosa la lista el hijo de Lara Bonilla, que igual, siguiendo concejos de caciques hizo sus pinitos con el uribismo y luego intentó, fallidamente, hacerse elegir al Senado. Ahí está en Cambio Radical al lado de otro de los Galán. En aureola inmarcesible.

Uno de los hijos del expresidente Samper es ya viceministro de Justicia. No sabemos qué de bueno le hereda. Pero, tiene apellido de alcurnia, como su tío Daniel que malgastó su buena fama defendiendo a su hermano. Otro que está donde está gracias a su apellido es Danielito, columnista chistoso, fotocopia de su papá y además, experto en desnudar mujeres hermosas para fomentar el altruista morbo masculino. En el periodismo abunda ese apellido.

Por todas partes encontramos las herencias políticas de sangre. En la izquierda sabemos de hijos de exguerilleros como el exalcalde de Cali Iván Ospina, cuyo padre fue jefe del M-19. Manuel Cepeda nos dejó a su hijo quien ha recogido el apoyo disperso de los comunistas criollos con los que adelanta su bienhechora cruzada de la venganza contra el sistema. Entre los paramilitares los Castaño dejaron huella de sangre.

En el conservatismo también hay ejemplos, como Alvaro Leyva, cuyo padre fue jefe doctrinario de la derecha derecha, pero su muchacho salió con veleidades izquierdoides. Horacio Serpa promueve a su hijo en las toldas rojas. Tenemos apellidos que se reproducen como conejos: Ospina, Valencia, Pastrana –con hijo en el partidor-, Valencia Cossio, Name, Guerra, de la Espriella, la fila es numerosa.

El presidente Santos es sobrino nieto de Eduardo Santos, expresidente muchísimo más fino en su ideología liberal. Los Santos forman uno de los clanes más influyentes y poderosos del país reciente, Francisco aspira a reemplazar a su primo a quien considera un traidor. Enrique el cerebro de las conversaciones con las Farc es poderosísimo, su hijo, Enriquito, dirige la revista Semana, propiedad de la casa López, lazos familiares oligárquicos. De los López, descendientes del grande López Pumarejo hay varios especímenes, hubo expresidente que dizque hacía pensar al país y ministros y embajadores ya de medio pelo. Laureano Gómez dejó descendencia que sigue en la pelea. En su caso podemos hablar de mala suerte ya que su hijo Alvaro, hombre importante al final de su vida, nunca pudo ser presidente por ser hijo de Laureano

Y, oh!, ya en el colmo, entre los nuevos padres de la patria, algunos que hacen cuenta para ser embajadores o ministros en el próximo gobierno, están escriturando su “legado”, no sabemos de qué tipo ni calidades, y “su” electorado a sus esposas, caso Roy Barreras, a hermanos, tíos,  hijos o sobrinos, ni la lista del Centro Democrático escapa a tendencia tan noble.

¿Qué tal que en el ámbito de actividades como la medicina, las ciencias exactas, las altas artes, por obra y gracia de lazos de sangre, se transmitiera de padres a hijos las cualidades  con las que se trafica tan burdamente en el mundo político? Claro que aún funcionan viejos dichos como “de tal palo tal astilla” o “lo que se hereda no se hurta”, “hijo de tigre nace pintado”, etc., que tendrían que ser borrados del habla común si de verdad queremos forjar una sociedad basada en el mérito.

Darío Acevedo Carmona, 6 de octubre de 2013

Buscar columnista